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Dos visiones, dos realidades

El problema con las empresas transportistas que operan en Ferrovalle y que ha mantenido en vilo por varios días a muchos usuarios del transporte ferroviario, tiene dos ópticas. Por un lado, es cierto lo que dicen las navieras y la Aduana, de que la antigüedad de muchas de las unidades de autotransporte que operan en la terminal intermodal rebasa la edad idónea para tener operaciones eficientes y productivas.

Por el otro lado, también es cierto que las grandes empresas de autotransporte, las más institucionalizadas y con mejores camiones, no están interesadas en participar en el mercado de última milla que estas empresas realizan en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, a pesar de que varias navieras las han invitado y buscado para invitarlas. La razón de la negativa es la tarifa con que las navieras quieren que se les preste el servicio.

Obviamente, a las empresas que desde la semana pasada realizan el paro-bloqueo de la Terminal de Ferrovalle, no les ha dado la tarifa para hacer la renovación de equipos como hoy lo demandan las autoridades de Aduana, y es precisamente la demanda que ahora hacen ellos. Si se quieren equipos más modernos, la tarifa también tendrá que ponerse al día, sostienen.

Veremos quién aguanta más la presión de acercar su visión a la del otro.

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Mejor hacerse un poco de la vista gorda

La escasez de operadores de autotransporte es un tema crítico para las empresas. De acuerdo con instituciones como la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga (Canacar)el déficit en México es de más o menos 60 mil conductores y lo sufren tanto las empresas del Servicio Público Federal como las empresas privadas que tienen flota propia a su servicio.

De acuerdo con los propios empresarios del autotransporte, la solución a este problema es el tema más acuciante que tienen sus compañías. La situación es tal que algunas firmas han tenido que relajar sus protocolos en los exámenes antidoping por el riesgo de quedarse sin operadores, sobre todo en aquellos casos en los que se ha querido ser altamente riguroso.

La experiencia de algunas compañías embarcadoras con esta práctica llevó en uno de los casos a tener que parar una planta precisamente por quedarse sin operadores, a pesar de la advertencia previa de la compañía transportista proveedora.

Así que más les vale hacerse un poco de la vista gorda y flexibilizarse un poco con los exámenes antidoping, no porque sea lo ideal, sino porque es lo que hay. Más vale tener el servicio de transporte ante la crisis de operadores. El mundo del transporte no es “todo perfección”.

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