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De licitaciones, convocatorias y cosas peores

De licitaciones, convocatorias y cosas peores

Este año cumplo 34 años trabajando en el medio aduanero. Inicié en la agencia aduanal de mi padre, y tras mi paso por aduanas me independicé y arranqué mi negocio en el 2003. He tratado con cientos, sino miles de clientes, de todo tipo, industria, comercio, servicios, gobierno. Mi padre me enseñó a tratar a los clientes, a darles servicio; cuando un cliente hacía una petición o cambiaba de rumbo, su comentario era el mismo: lo que es bueno para mis clientes, es bueno para mí y para el negocio. Esa lección me la aprendí como un mantra y he tratado de mantenerla viva.

Me he entregado a mis clientes, les he resuelto un sinfín de problemas, planteado estrategias exitosas y debo de reconocer que no me ha ido nada mal. No obstante, y a pesar de que el negocio va razonablemente bien -me asocié con dos extraordinarios socios agentes aduanales- se ha perdido el toque personal en la relación con los importadores y exportadores. La moda en las empresas derivado de un supuesto compliance, desde mi punto de vista mal enfocado, es licitar los servicios cada dos, tres o cinco años. En muchas ocasiones, te llega una invitación para registrarte, dar de alta tu empresa y comienza el viacrucis, que en muchas ocasiones termina uno sentado frente a una computadora, ingresando datos en una página diseñada exprofeso, en lo que en el argot se ha dado por llamar una subasta a la inversa, es decir, se inicia con un x precio, y los participantes van anotando a la baja sus tarifas. He visto casos extremos, en el que, en una licitación de una empresa importante de la industria terminal automotriz, la cuota por exportación de vehículos quedó en $8.00 pesos por coche, sí, leyeron bien, ocho pinches pesitos.

Las empresas no están valorando lo compleja y hasta barroca, diría yo que es la actividad aduanera y el sinnúmero de leyes, reglamentos, acuerdos, decretos, reglas que debemos cumplir todos los días. Y para eso, las agencias aduanales, grandes, medianas o pequeñas, necesitan buen personal, buenos sistemas y rezarle todos los días a Diosito que no te levanten un PAMA.

Siempre he dicho que la relación importador-agente aduanal, es una que se debe basar en la confianza mutua. Establecer una relación -que además lleva implícita la representación legal del importador- únicamente en el precio, me parece algo así, como tirarse del precipicio sin paracaídas, un suicidio, pues.

El tema aduanal lamentablemente para nosotros, los agentes aduanales, representa un mal necesario dentro de las empresas, lo tienen que llevar porque la mayoría en buena medida dependen del comercio exterior. Es difícil ubicar la responsabilidad del control en una sola o misma área. En ocasiones el personal que lleva las operaciones de comercio exterior trabaja en el área de finanzas, otras, en compras, en operación, logística, legal o inclusive en compliance.

Sin embargo, las operaciones de comercio exterior pueden llegar a representar un gran dolor de cabeza, simplemente por una mala clasificación, una errónea determinación del valor o el hacer uso indebido de una preferencia arancelaria sin contar con los documentos necesarios, o cuando la mercancía no cumple con la regla de origen correspondiente al tratado que se pretende aplicar, o no retornar en tiempo mercancía importada temporalmente, solo por poner unos cuántos ejemplos.

Pagar barato, puede salir muy caro

Lo que trato de transmitir es que el negocio aduanal es complejo, tiene muchos recovecos, por lo que la elección de un agente aduanal que ayude a las empresas en sus trámites debe de ir mucho más allá que pagar x pesos por el despacho de un embarque. No todas las agencias aduanales pueden dar servicio a cualquier importador o exportador, cada empresa tiene sus propios requerimientos, algunas despachan en una sola aduana, otras son multiaduanas y multiplantas, el expertise que se requiere para unas y otras es muy diferente, y si el diferenciador para la empresa solo se basa en el dinero, las cosas irán por mal camino.

Adicionalmente, son muy pocas las empresas que tienen un programa verdadero de desarrollo de proveedores en el que incluyan los servicios aduanales. Ojalá la cosa cambie, pero visualizo un futuro más competido y desafortunadamente más despersonalizado.

Así las cosas, y para echarle suficiente leña al fuego, el pasado 22 de junio se publicó en el Diario Oficial de la Federación la tan esperada convocatoria para obtener patente de agente aduanal, en un momento de transición entre un jefe de la ANAM y otro – total, nada más llevamos cinco en cinco años. El desaseo no pudo ser peor. Las reglas de la convocatoria daban pie al abuso, la opacidad y los malos manejos. Cómo habría estado la cosa internamente, que el lunes siguiente a que venciera el plazo para registrarse, el titular de la ANAM canceló al más puro estilo de la 4T los numerales de la convocatoria que se referían precisamente al registro de los candidatos y así los que se registraron y los que se quedaron con las ganas pusieron cara de what, en espera de una decisión del nuevo titular de la ANAM, quien por cierto, hasta el día de hoy no ha sido ratificado por la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, pero ya ha firmado y actúa como si lo estuviera.

Pregunta obligada ¿Son necesarias más patentes de agente aduanal?

A ciencia cierta, no lo sé. Mi opinión, al ser agente aduanal, es sesgada, lo admito, pero tratando de ser objetivo, veamos: quizás pueda depender de qué aduana estamos hablando. En Nuevo Laredo, por poner un ejemplo, pensaría que no, hay más de 550 agentes aduanales dados de alta y operando diariamente; en el AICM, Veracruz, Manzanillo, Tijuana solo por poner algunos ejemplos, la misma historia. Sería interesante que la ANAM junto con organismos del sector privado hicieran un análisis serio para que la convocatoria que se dejó en stand by, pueda tener elementos objetivos, como Vgr, que se establezca que se requieren 100 patentes en x número de aduanas. Sé que cualquier criterio es subjetivo y discrecional, pero lanzar una convocatoria abierta sin restricciones ni controles, estoy cierto, traerá sí, más competencia, pero también, más actores que al no conseguir buenos despachos, estarán tentados a incursionar en negocios no del todo transparentes.

Si bien la Ley Aduanera obliga a las autoridades a publicar una convocatoria cada dos años, le da elementos para que en los lineamientos se establezcan los criterios para el otorgamiento de nuevas patentes.

Hay que recordar que el territorio aduanero del país es extenso, complejo, que no hay aduana pequeña, y hoy, como dicen los panaderos: el horno no está para bollos.

Te invito a leer mi columna anterior: Señor secretario, ponga orden…

Fernando Ramos Casas es especialista en comercio exterior y logística.

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Revista T21

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