Sostenibilidad y sustentabilidad de los medios de transporte

Los dueños, las comunidades a las que sirven, las actividades comerciales que respaldan y, especialmente, nuestro crecientemente atribulado planeta Tierra, reclaman a los transportes, por cierto en su mayoría grandes consumidores de combustibles o notoriamente contaminantes, caso del aerotransporte, siempre visible y por ende fácilmente en la mira de la opinión pública, que sus operaciones sean sostenibles desde el punto de vista social y económico y también desde la perspectiva medio ambiental.

Para fortuna de la Tierra, no solamente las energías empleadas en él, sino el transporte mismo pueden ser reemplazables, si no totalmente, sin duda de manera significativa, conforme cambie el paradigma globalizador y los consumidores adopten estilos de vida distintos a los que han mantenido en los últimos 50 o 60 años. Aclaro de una vez: este último comentario no tiene carácter político o globalifóbico alguno, ni pretende “pegarle” al transporte; se trata de una afirmación técnica que en mi opinión cobra mucho sentido hoy día.

Es cierto, tal y como ha sido demostrado, no es sencillo cambiar hábitos de consumo o rediseñar cadenas de suministro; aun los grandes mercadólogos no siempre logran alterar la psique de los compradores para que terminen sintiendo la necesidad de contar, a toda costa con algo o hacerlo procedente de otro proveedor, tanto como lo es lograr esto último en términos logísticos y económicos.

Hasta hace muy poco, aun la poderosa llamada de auxilio emanada del frágil ecosistema terrestre no había impedido que los humanos sigamos dilapidando recursos naturales en procesos que no hacen otra cosa que enriquecer a unos cuantos y satisfacer necesidades también de pocos. Si me quiere tachar de progresista, no lo culpo, ¡pero cuidado!, eso no es lo mismo que ser “chairo”, debo agregar. Quizás la magnitud de los impactos de las recientes manifestaciones naturales asociadas al cambio climático, en especial sus consecuencias directas e indirectas en la calidad de vida en ciertas geografías (veamos lo que ha estado sucediendo recientemente con el calor y los incendios en Europa y los Estados Unidos), está haciendo mella en la manera como las nuevas generaciones están viendo los temas de sustentabilidad.

Es así que muy posiblemente aquellos y aquellas que muy pronto estarán en condiciones de hacerlo desde posiciones de poder, es decir los jóvenes, finalmente nos obliguen a cambiar y a pensar en lo importante que es hacer un consumo responsable de los recursos.

Mientras eso sucede, si es que un creciente número de actores en los medios de transporte en condiciones de hacerlo, están muy activos en sus esfuerzos orientados a la preservación ambiental, trabajando a nivel internacional en estrategias sustentadas en la tecnología para operar en condiciones mucho más amigables con el ecosistema. También comienzan a brillar aquellos a quienes que les resulta mucho más sostenible en todos los sentidos consumir una fruta local que una que se debió importar desde lejanas regiones a costa de altas tarifas y también y lo más preocupante: forzando al hábitat a sumarse al precio.

En pocas palabras, no solamente hay que dejar de adquirir en otras latitudes aquello que se puede obtener directa o indirectamente en la propia, si hay que hacerlo y por ende hay que transportarlo, el reto es hacerlo lo más sustentablemente posible con el objetivo de que el medio ambiente no termine por pagar los platos rotos por atender algunas de nuestras necesidades.

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