Incidente aéreo como “anillo al dedo”

Un serio, y debo decir, hasta vergonzoso incidente aéreo, tanto que hasta hizo reaccionar de manera fuera de lo común en él al mandatario federal, por ejemplo, al no atribuirlo a la corrupción o al producto de los anteriores gobiernos neoliberales, tuvo lugar la noche del 7 de mayo pasado en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), cuando un Airbus A320 de Volaris fue autorizado a aterrizar en la pista cero cinco izquierda (05L) en momentos en los que otro A320 operado por Volaris Costa Rica se encontraba sobre la misma, aparentemente listo para despegar, solo para iniciar una, en mi opinión, tardía maniobra de “ida al aire”.

Nuevamente, la aviación civil mexicana está siendo presentada negativamente en los titulares, por lo menos de los medios y plataformas especializadas globales, caso del prestigiado portal austriaco: “The Aviation Herald”, a cuyos reportes doy bastante credibilidad, como se la doy a buena parte de los comentarios que los foristas expresan en los espacios de discusión del famoso “Airliners.Net” en el que también el percance ya es tendencia.

Y es que, para mala suerte de las autoridades aeronáuticas civiles mexicanas, encabezadas por la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), pero en especial para la vilipendiada y ahora ya concluida gestión del señor Víctor Manuel Hernández Sandoval al frente del organismo denominado Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (Seneam), el evento fue registrado por lo menos en tres videos, uno de ellos que me parece particularmente relevante no solamente por contener audio del intercambio de mensajes de voz entre el avión aproximándose y la torre de control, sino también porque evidencia a una tripulación a punto de ingresar a una pista para despegar, videograbando las operaciones en el aeropuerto en lugar de mantenerse atentos a su propia operación en un contexto de esterilidad de cabina.

Lo ocurrido nos cae ahora sí que como “anillo al dedo” a todos y a todas quienes desde hace décadas hemos intentado alertar por diversos medios sobre una realidad que cada día resulta más y más clara: en México hemos bajado la guardia en materia de seguridad aérea, al grado, no solamente de haber sido exhibida mediante una mediática degradación por parte de la autoridad aeronáutica norteamericana la mala calidad de la gestión de esta variable por parte de la autoridad aeronáutica civil mexicana, hoy día denominada Agencia Federal de Aviación Civil, mala heredera del legado de la imperfecta Dirección General de Aeronáutica Civil, sino además a niveles de estar, muy, pero muy cerca de que se registre un nuevo accidente aéreo ya sea en el espacio aéreo mexicano, o en el extranjero donde operen aeronaves mexicanas, caso no hay que olvidar, de ese Boeing 737 de Global Air en la Habana, Cuba, en el año 2018 que costó, se dice fácil, la cantidad de 112 vidas humanas.

Un evento como el que estamos comentando tuvo lugar en el AICM la noche del 7 de mayo de 2022 sin duda puede ocurrir en cualquier momento en otro aeropuerto en el mundo; de hecho, se han documentado en el pasado varios incidentes similares algunos de los cuales se han derivado hasta en pérdida de vidas. Lo particular de este caso es que se registra, insisto, irónicamente de manera por demás oportuna, en tiempos en los que el debate en torno a la calidad de gestión de la seguridad aérea en México, con la proveniente del Seneam como principal villana, está en boca de los mexicanos, a los que como nunca se les han presentado evidencias del riesgo que puede suponer, por ejemplo, ser pasajeros en una aeronave aproximándose al AICM.

Más allá de que se aclare por ahí algún detalle de lo realmente sucedió con base a información oficial, emanada de la investigación que quiero pensar realizará, si procede, claro está, la Dirección de Análisis de Accidentes e Incidentes de Aviación de nuestro país, mi percepción, por lo menos hasta el momento en enviar a publicación esta nota, es que el evento y lo que tanto controladores de tránsito aéreo y pilotos hicieron, habla muy mal de la cultura de la seguridad aeronáutica prevaleciente hoy día en nuestra nación, así en tierra, como ya en el aire.

La pregunta es obligada: ¿aun habiendo sí reconocido como tal por el actual Presidente de México la seriedad y lo mediático del incidente en el AICM, este será un detonador para que el Gobierno federal finalmente haga las cosas adecuadamente en materia de aviación civil, más allá de despedir a un alto funcionario, sobra recordar, ya demasiado desprestigiado?

En el México de hoy todo es posible; en una de esas, las condiciones de la gestión aeronáutica en México, comenzando por su seguridad, pueden iniciar un giro para bien, desgraciadamente no soy muy optimista que digamos en este sentido dada mi experiencia con la mal llamada 4T en el ámbito de la aviación civil, por lo que no descarto que, por el contrario, las cosas se pongan aún más feas en el espacio aéreo mexicano.

Lo cierto es que, desde mi punto de vista, nunca habíamos estado en México en una condición tan crítica en materia de seguridad en la aviación civil como ahora.

Toco madera…

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