Baker… ¿Hughes? Y un nuevo golpe de la geopolítica al aerotransporte

Baker ¿Hughes? ¿Será que es el mismo en el que están pensando?

Esa “Baker Hughes” de Houston, Texas, que tanto ruido mediático ha estado haciendo, y que está generando enormes dolores de cabeza “allá por Palacio”, posee una genética en la que la “Hughes Tool Company”, también de la ciudad de los “Astros”, equipo de beisbol de la Grandes Ligas, tiene mucho que ver.

¡Grandes Ligas! ¿Ligas atando paquetes de dinero o haciendo grandes negocios? En ese nivel juega cualquier empresa petrolera texana que se precie de serlo y más una con apellido Hughes, como el del nacido en el año 1905 en una localidad llamada Humble (así es, “Humilde” en español) fallecido muy posiblemente en nuestro Acapulco, Guerrero, y no sobrevolando ya territorio norteamericano, con tal de evitar complicados y onerosos trámites judiciales internacionales, asociados por ejemplo, a las causas de su muerte o a su herencia.

Así es, estoy hablando de Howard Hughes, el psicótico magnate también del cine, los hoteles, los casinos y las aerolíneas, al que le encantaba controlar todo y a todos, incluyendo el tener a los poderosos “en la bolsa” y a las grandes estrellas de cine de Hollywood a su total disposición en habitaciones en Beverly Hills.

Bien sabido que el escándalo “Watergate” que llevó en 1974 a la renuncia al “indomable” presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, se asocia a la urgencia del controversial mandatario de quitar de las manos de sus rivales políticos evidencia que virtualmente lo ponía en la nómina de magnates, principalmente Hughes, y eso que tenía siempre a su lado en calidad de secretario de Estado al astuto Henry Kissinger, quien por cierto, a sus 98 años de edad, y muy “a la Luis Echeverría”, personaje también de esos tiempos y también de obscuros procederes, en una de esas se deleita al enterarse que las empresas Hughes, tal y como lo actuaban cuando Howard estaba al frente de ellas siguen haciendo lo que quieren con otros empresarios, políticos y gobiernos no solamente de los Estados Unidos, sino también con los de todas las geografías, incluyendo por ahí el Golfo de México.

¡Qué cosas estimado lector o lectora! Por más que intento vincular a Howard Hughes solamente con la TWA, con el Lockheed “Constellation”, con el “Spruce Goose” o con la épica película de hace casi cien años “Hells Angels”, los medios y sus noticias no dejan de recordarme lo corrupto que al final de cuentas era el que el actor Leonardo di Caprio nos presentó como “El Aviador”.

Y hablando de héroes aeronáuticos, negocios, conflictos, intereses y geopolítica de alto calado, imposible en estos días dejar de comentar lo que está aconteciendo en esa Ucrania, tierra de mi admirado Igor Sikorsky (Kiev,1889) al que considero le debemos el helicóptero práctico.

Quien no piense en la magnitud de la tragedia y la amenaza para todos y para todas que significa la invasión, conflicto en el que, para variar, luego de la sangre y la destrucción, los aviones y las aerolíneas se encuentran entre los grandes protagonistas en las crónicas en los noticieros, o no tiene acceso alguno a noticias, no conoce la historia, le da igual todo, o por el contrario, le afecta tanto, que ha decidido simple y sencillamente desconectarse mentalmente con tal de evadirse del mundo y por ende del tema.

Lo he dicho anteriormente: no me agrada en lo más mínimo que al aéreo se le presente en aquello que no tenga que ver con aventura, con libertad, seguridad o con bienestar.

Tal y como lo comentamos hace dos años al inicio de la pandemia, nuevamente el aerotransporte está en la palestra, es decir, al frente de los encabezados, para ya expuesto, terminar siendo una víctima, toda vez que la importancia de la aviación civil rusa es tal que no cabe duda que la afectación a la que está siendo sometida impactará en toda la industria aeronáutica y turística mundial. Pregúntele usted, si no es cierto lo anterior, a Boeing o a Airbus a los prestadores de servicios turísticos de la Riviera Maya lo que representan, o debo decir, representaban para ellos los vuelos cargados de turistas rusos, los cuales difícilmente veo se puedan seguir realizando en el corto plazo conforme la guerra en Ucrania se está trasladando a todos los cielos en los que la bandera rusa tenga algo que ver.

Mas noticias sin duda para todos…

No lo voy a negar estimado lector o lectora; estoy preocupado como seguramente lo están los de mi generación que fuimos conscientes, principalmente en los años sesenta y setenta pasados de la pesadilla de una posible guerra nuclear y la catástrofe política y económica de gobiernos populistas supuestamente de tonos rojos, pero respaldados por el poder de sus ejércitos y de sus poderosas agencias de seguridad, caso de la URSS.

Hace unos días conforme circulaba en mi auto frente a la Embajada Rusa en Ciudad de México, manifestantes portando banderas ucranianas pedían a los conductores mostrásemos nuestra inconformidad por la invasión, accionando el claxon del auto. No dudé en hacerlo. Lo sorprendente es que mi acompañante se molestó por ello. ¿Por qué lo hiciste? ¿De qué sirve? -me pregunto, agregando: ¡No es para tanto, que le bajen esos y dejen de entorpecer el tránsito! Así lo dejo…

Los mejores deseos para usted y los suyos, pero también para Ucrania, para los ciudadanos rusos que nada tienen que ver con la guerra, para Europa, para el mundo, sin duda para México y si me lo permite, para la aviación civil internacional.

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