Roosevelt y la debacle del transporte del correo aéreo por los militares norteamericanos

Patente es la admiración que el actual presidente mexicano, ampliamente reconocido por sus siglas AMLO, siente por las políticas del otrora presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt, por cierto también identificado por sus siglas, en este caso FDR, tal y como sucede con John F. Kennedy y ese icónico y muy aeroportuario JFK.

Para los estudiosos de la historia de la aeronáutica norteamericana tampoco es un secreto el odio que este controversial pero popular jefe del ejecutivo norteamericano tenía hacia mi héroe Charles A. Lindbergh, animosidad que alcanzó niveles extraordinarios, es decir, más allá de la que se podría esperar que exista entre dos influyentes personalidades de alto nivel representando por un lado al liberalismo y por el otro al conservadurismo, cuando de manera abierta, y lo que es peor, por lo menos desde la perspectiva de Roosevelt, pública, el aviador norteamericano (republicano),  con todo y que era militar, criticó severa y públicamente la decisión del político demócrata neoyorkino (de hecho su jefe) de cancelar, por cierto sin bases el 9 de febrero de 1934, todos los contratos de correo aéreo del gobierno norteamericano con las aerolíneas de ese país, alegando corrupción en su otorgamiento por parte de la administración del presidente Herbert Hoover, ordenando que el Cuerpo Aéreo del Ejército de los Estados Unidos, evidentemente carente de pilotos con la debida experiencia y de un modelo de operación que privilegiase la seguridad ante cualquier otra consideración, se hiciese cargo de los servicios, “cueste lo que cueste”.

Para cuando se firmó el Acta del Correo Aéreo para regresar el correo a las aerolíneas el 12 de junio de 1934, es decir, apenas cuatro meses después, una docena de pilotos militares habían muerto en decenas de accidentes en aquello que el legendario piloto y empresario Eddie Rickenbacker, a la sazón presidente de Eastern Airlines, calificó de “asesinato legalizado”.

Dicho en otras palabras, el prestigiado y entonces ya poderoso ejército norteamericano, simple y sencillamente no pudo, por más que lo intentó, encargarse de transportar el correo aéreo norteamericano en condiciones mínimas de seguridad, debiendo asimilar como resultado una humillante derrota.

¿Le suena el escenario estimado lector o lectora? Es decir, ¿le suena eso de que un presidente, argumentando corrupción por parte de la administración que le antecedió, y sin evidenciarla, decida cancelar “algo” por más importante que sea o por más avanzado que vaya, sin medir realmente las consecuencias de su decisión, para poner la solución de un problema en manos de una institución que por definición no está preparada para ello?

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