Emergencia sanitaria en aeropuertos

En esta temporada de invierno de 2021, me parece más necesario que nunca retomar el espíritu de la nota que este portal de noticias del sector del transporte me hizo el favor de publicar a finales del año 2014, por medio del cual, alerté sobre la posibilidad de que eventualmente un bicho como el Ébola, que para entonces estaba flagelando África, pudiera subirse a un avión para convertirse, tal y como desgraciadamente está ocurriendo con el multimentado y perdón por la palabra “mentado”, pero se la merece, COVID-19.

Imposible olvidar, a 2 años de la aparición de la enfermedad, el cómo es que comenté en mi artículo sobre la magnitud del reto que un escenario así supone para el regulador sanitario global, nacional y local, para los operadores aéreos y para los administradores aeroportuarios, a los cuales, en mi opinión no les queda otra que coordinarse en el marco de sus respectivas estructuras especializadas internacionales, caso de la Organización Mundial de la Salud, de la Organización de Aviación Civil Internacional o la Asociación Internacional de Transporte Aéreo con el fin, si no de blindarse por completo, por lo menos minimizar las posibilidades de que el aerotransporte se mantenga como principal medio de dispersión global de una enfermedad, tal y como está teniendo lugar conforme escribo estas palabras con la nueva y seguramente no última variante del peligroso Coronavirus.

“Escribir es una consecuencia de ver” decía mi amigo y cada día más admirado Toño de Saint-Exupéry. Sin duda a este columnista le gusta, y mucho, ver, escribir y por lo tanto decir lo que considera es su responsabilidad compartir, tal y como lo hice en torno al tema de la seguridad sanitaria en los aeropuertos mexicanos, o más bien la falta de ella, en otras dos entregas, publicadas en este mismo prestigiado espacio en marzo y agosto de este 2021, alarmado por haber constatado las realidades de los “controles” que se están aplicando en algunos aeropuertos con el fin de prevenir la propagación del virus.

Habiendo experimentado como todos mis compatriotas las consecuencias sanitarias, económicas, académicas y sociales de la pandemia, si bien soy de aquellos que favorecen políticas en la casa, la escuela, el trabajo o la calle que tiendan a evitar contagios, también estoy convencido que dados los plazos para que la emergencia termine no están definidos, no queda otra que tratar de seguir con nuestras vidas, claro está, sin arriesgarse innecesaria y por ende irresponsablemente. De esta manera, por lo menos quien firma esta nota, que en un medio hermano a T21 confesó que “no se puede dar el lujo de dejar de volar”, pretende, hasta donde su salud y economía se lo permita, mantenerse frecuentando aeronaves y aeropuertos. Afortunado me siento de vivir en México en donde ha quedado claro uno puede seguir, hasta ahora, desplazándose sin que nadie se lo prohíba.

Quizás, y de ahí el origen de esta entrega, y es que me gustaría que más allá de inútiles formularios que no hacen otra cosa que entorpecer el libre tránsito de los pasajeros en los aeropuertos, las autoridades sanitarias y en colaboración con las aeronáuticas y la industria del aerotransporte nacional establezcan verdaderos y efectivos controles sanitarios en las terminales aéreas de nuestro país, enfocados especialmente, pero sin limitarlo excesivamente, en el tráfico internacional, tal y como ocurre en otras naciones en las que si bien se da la bienvenida a ellas a quien legalmente tiene derecho, también se aseguran, hasta donde la ciencia y las herramientas a su alcance se lo permiten que no sigan ingresando a sus territorios pasajeros enfermos de COVID, algo que me temo no está ocurriendo al sur del Río Bravo y al norte del Suchiate.

¿Recuerda usted algún caso en el que las autoridades sanitarias hayan detectado y puesto en cuarentena, como se indica, a pasajeros que han dado positivo a COVID a su llegada a México, tal y como frecuentemente los medios reportan ocurre en otras latitudes? La verdad es que yo no. ¡Pero lo que no se me olvida es cómo ciertos allegados me presumieron haber ingresado sin restricciones al país sabiéndose portadores del virus y lo que es peor, con síntomas, sin que nadie se los impidiese o lo detectase!

Creo que es tiempo que nuestras autoridades dejen de hacer política y mejor se dediquen a proteger a su pueblo, aplicando pruebas a los que vuelan o llegan por tierra y mar desde ciertos orígenes, en lugar de aparecer en la televisión haciendo discursos o dando explicaciones vanas.

Estimado amigo lector o lectora, ahora que usted, por cierto, con justa razón, posiblemente está por subir a un avión en un aeropuerto de nuestra geografía para disfrutar las fiestas decembrinas, tenga cuidado, no baje la guardia, pero no se deje cuando le quieran imponer arbitraria y desordenadamente formularios innecesarios y mejor exija que se respeten en las terminales y las aeronaves los bien conocidos protocolos preventivos, comenzando por esa sana distancia que tal y como lo expuse en una de las notas a las que me he referido, algunos empleados aeroportuarios se atreven a decir no existe en sus instalaciones, algo que, nuevamente debo mencionar, me parece una verdadera irresponsabilidad que refleja la actitud que algunos funcionarios han adoptado para manejar una amenaza tan grande como la que supone el desgraciado bicho que el avión ha llevado por todo el mundo.

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