Tiempo de hablar de sindicalismo

Pienso en el sindicalismo en el marco de lo que ocurre en el seno de algunas aerolíneas mexicanas, en particular al enterarme de la decisión de Grupo Aeroméxico de solicitar a la Secretaria de Trabajo nada menos que dar por terminados los contratos colectivos de trabajo que mantiene con la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores de México (ASPA) y con la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación de México (ASSA), decisión producto de las fallidas negociaciones con dichos sindicatos para obtener de ellos importantes concesiones, en el marco de la situación de fuerza mayor en la que Aeroméxico se encuentra en materia financiera, misma que de acuerdo a la aerolínea se traduce en una nueva realidad operativa en la que debe contar con los fondos de financiamiento provenientes de los Estados Unidos que tiene negociados, para simple y sencillamente seguir operando.

Inaudito, sorprendente y preocupante, tanto, que me ha llevado a altas horas de la noche a sentarme frente a mi computadora, a fin de darle finalmente forma a un comentario editorial relacionado con el tema del sindicalismo y la visión que tengo del mismo, por cierto, sustentada en mi experiencia profesional y en lo poco o mucho que conozco de historia del aerotransporte mexicano, en la que por cierto el sindicalismo ha sido un verdadero pilar.

Mi actividad profesional aeronáutica se gestó en tiempos en los que por ejemplo ASPA era una de las organizaciones más importantes del país, tanto que no me sorprendía ver al Presidente de la República en algunos de sus actos. De esta manera, crecí con una concepción muy diferente a la actual del sindicalismo, misma que he ido cambiando conforme ha evolucionado mi carrera y que en esta oportunidad comparto en este espacio editorial.

El sindicalismo, por lo menos con el que yo he interactuado en diversas ramas productivas incluyendo la aeronáutica invoca, desde mi perspectiva la palabra abusos tanto por parte de los patrones que desde hace más de cien años han obligado a su personal que recurrir a la negociación colectiva para defender inclusive sus más elementales derechos laborales en condiciones un tanto más equitativas de lo que sucede en los esquemas de contratación individual, generalmente asociada al concepto de personal de “confianza”, es decir, colaboradores en los que individualmente se confía cumplan con sus obligaciones trabajando en una fuente laboral que ellos también confían les va a cumplir con lo correspondiente, es decir, con lo que marca la ley y con aquello pactado al iniciar la relación profesional, como abusos también por parte de los contratados colectivamente bajo el amparo de una figura sindical, generalmente muy poderosa y por ende con enorme grado de influencia que tiende a proteger la incompetencia, la irresponsabilidad, la indolencia, la falta de compromiso y la equidad de sus agremiados tal y como no son protegidos quienes no forman parte del mismo.

Claro está que existen los llamados sindicatos blancos, que poco o nada tienen que ver con la relación trabajador-patrón y más bien se dedican a prestarse, generalmente en perjuicio de los trabajadores a maniobras destinadas ahora sí que a hacer que “dizque exista” la a veces indispensable figura sindical en el seno de las organizaciones a cambio de beneficios económicos para sus inamovibles líderes y gestores.

De la misma manera en la que he constatado cómo algunos patrones tanto del sector público como del privado tienen como política (no impresa) explotar a sus colaboradores ahora sí que “hasta que revienten”, también he sido testigo de cómo algunas organizaciones gremiales no tienen otro objetivo que beneficiar a sus dirigentes cubiertos por un disfraz de organización destinada a ver por los mejores intereses de sus agremiados, muchos de los cuales terminan convirtiéndose en verdaderos dolores de cabeza y focos de improductividad adoptando actitudes a la hora de laborar que van desde lo irresponsable, hasta lo verdaderamente criminal, de las cuales, tal y como suele suceder salen impunes.

Si le contase a usted estimado lector o lectora con lujo de detalles lo que he visto en este sentido en aerolíneas y aeropuertos mexicanos, podría escribir algo más extenso que un comentario de opinión. Y es que pocas cosas generan tanto desconcierto y desmotivación entre el personal “de confianza” que entrega lo mejor de sí en beneficio de la entidad para la que trabaja que ser testigos de cómo parte del personal sindicalizado abusa de su posición para obtener privilegios personales o colectivos en el trabajo que en nada contribuyen a la consecución de los objetivos institucionales de las compañías y dependencias privadas o estatales.

Claro está que en el marco de relaciones laborales colectivas también hay espacio para la excelencia en la prestación de servicios personales, misma que se traduce en esas longevas, beneficiosas e imitables carreras profesionales en las organizaciones por parte de ciertos muy, pero muy valiosos colaboradores sindicalizados con los que he tenido el privilegio de interactuar y a los que les guardo enorme aprecio.

Hay quienes afirman que el modelo de contratación colectiva ya caducó y que para mantenerse competitivos en la moderna economía global y más ante los efectos de la crisis sanitaria y económica del 2020, hay que prescindir de él.

Yo no estoy tan seguro de ello, por el contrario, conforme constato algunas particularidades de la manera de hacer las cosas tanto por parte de las grandes compañías privadas en el mundo entero, como las de los gobiernos y sus empresas públicas mayor es mi convencimiento que un mecanismo que proteja los derechos laborales es más necesario que nunca, en particular en tiempos en los propios gobiernos han fallado en protegerlos como siento les correspondería.

De ahí que, la decisión de Grupo Aeroméxico de solicitar la terminación de su relación contractual con 2 de sus más importantes sindicatos me parece verdaderamente preocupante aun cuando la misma no tenga, como algunos podrían pensar, otra intención real que no sea presionar a sus pilotos y sobrecargos para que acepten los términos que los acreedores financieros están imponiendo como requisito para acceder a los fondos que le permitan a la aerolínea del Caballero Águila seguir en los cielos de México.

Lo cierto es que siento que el día de hoy 11 de enero de 2021 se ha escrito historia aeronáutica abriéndose un delicado capítulo que me temo puede tener consecuencias muy negativas para el aerotransporte mexicano.

Lo mejor para Aeroméxico, pero también lo mejor para su personal, tenga el tipo de contrato que tenga.

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