Virtualizando la formación aeronáutica

Todo parece indicar que los pilotos de una aerolínea mexicana que está reactivando su flota de aeronaves rusas, las mismas que, por cierto, estuvo a punto de retirar por completo apenas hace unos meses, se estarían beneficiando de ciertas facilidades otorgadas por la autoridad aeronáutica nacional para que reciban, de manera excepcional y seguramente muy cuidada, por lo menos una parte de su adiestramiento de manera virtual, es decir, sin estar presentes en el salón de clase o en el simulador de vuelo, algo que me parece una buena opción de emergencia y por ende temporal ante las complicaciones para realizar traslados físicos causadas por la pandemia siempre y cuando, insisto, la certificación de sus capacidades garantice hasta donde eso es posible hacer, la seguridad de los vuelos.

Para quien firma esta columna ha quedado perfectamente claro que las actividades profesionales y personales de los habitantes del planeta tienen un antes y un después en la manera de llevarse a cabo a partir de la irrupción del COVID-19, incluyendo, claro está, las de formación, capacitación, adiestramiento o educación; nuestros despachos, comedores, recámaras y salas en casa se han transformado en aulas o salas de juntas, lo que nos permite además pasar “tiempo de calidad” con aquellos seres queridos con los que los compartimos.

Maravilloso ¡pero no tanto como suena!

Y es que, con todo y los beneficios que potencialmente conlleva, que son muchos, con la formación a distancia y las herramientas didácticas que la acompañan se pierde algo que en mi opinión resulta esencial: la capacidad de sacarle todo el jugo a la experiencia del formador y la capacidad de que de la espontánea y compleja interacción a nivel presencial que produce que entre un alumno y un maestro se obtenga lo mejor del uno y del otro en beneficio de la calidad de la instrucción.

Si bien es cierto que una atractiva presentación digna de todo un diseñador gráfico es una gran herramienta para capturar la atención del alumno, también es cierto que ver físicamente en acción al profesor, escucharle, notar sus gestos, dejarle explicar abiertamente tal y como le salen los temas, etc., son parte de la magia de un salón de clases.

Convertir al formador básicamente en un generador de contenidos, es desperdiciar un tanto su tiempo, experiencia y talento asociados al dominio que tiene de una materia, obligándolo a convertirse en un moderno pedagogo, pero sin especialidad.

Sin duda todo académico debe saber transmitir lo que conoce y por lo tanto debe recurrir a las más modernas herramientas pedagógicas verbales y visuales para impartir sus clases, pero nadie puede dudar tampoco que lo que más vale de lo que hay detrás de una lámina o una ilustración son los años de trabajo, acumulación de información, cursos y obtención de capacidades que la hacen posible.

Desgraciadamente muchos grandes catedráticos que además son grandes comunicadores, simple y sencillamente no tienen las habilidades para hacer presentaciones gráficas al nivel que las nuevas generaciones de “millennial gamers” esperan, olvidándose que lo más valioso que pueden obtener de quien intenta enseñarles algo es esa suerte de sabiduría que no siempre es posible replicar en una hoja electrónica, ni extraer en un encuentro a distancia mediado por una cámara y un micrófono.

Es así que de la misma manera que me rebelo ante la posibilidad de verme forzado a no tener contacto más allá de lo virtual con mi hijo norteamericano, me rebelo también de verme forzado a no poder ponerme frente a mis alumnos para compartir con ellos este maravilloso mundo de conocimientos que rodea lo logístico, en particular lo aeronáutico.

Por lo tanto, mientras no pueda trasladarme al aula, haré todo lo posible para que mis clases virtuales se parezcan lo más posible a las presenciales, es decir, aspiro a que mis estudiantes perciban en nuestras sesiones a un profesor que domina lo que enseña y no necesariamente a un generador de contenidos gráficos. Lo contrario no es calidad de vida ni de educación.

El video es una maravillosa vitrina para ver al hombre y a su mundo, pero nada como estar en contacto físico con ellos.

Comenta y síguenos en Twitter: @GrupoT21