Ni Toluca, ni Santa Lucía, ni Texcoco, ni Terminal 3 en el AICM

De pronto, los problemas de saturación de la infraestructura aeroportuaria de nuestro país, por lo menos en el corto y quizás hasta en el mediano plazo, se han resuelto conforme la demanda nacional e internacional de aerotransporte de pasajeros y carga se ha venido a pique, derivado de la contingencia sanitaria y económica que estamos viviendo, la cual obliga a todas las personas, entidades y organizaciones a replantear muchísimas cosas, comenzando por el destino que le van a dar a sus, como nunca, escasos recursos financieros disponibles.

Para nadie es un secreto que la aviación comercial mundial que emane de la pandemia no se parecerá mucho que digamos a la del año 2019 y que tomará mucho tiempo, varios años inclusive, acercarse siquiera a los históricos niveles de demanda que registró en tiempos recientes.

Lo anterior va a significar exceso de capacidad tanto en el aire como en tierra. Dicho de otra manera, menos aeronaves, menos pasajeros y menos carga en el aire, operando en aeropuertos menos presionados en lo que a demanda toca.

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Jamás pensé decir esto, pero las circunstancias me obligan: no es el momento de construir nueva infraestructura aeroportuaria en México. Hasta nuevo aviso, no necesitamos invertir en un nuevo aeropuerto para el Valle de México, apuntalar Toluca o dotarle de una nueva terminal al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

En lugar de ello, debemos mejorar la seguridad, calidad, eficiencia y sustentabilidad de los servicios que actualmente prestan los aeropuertos mexicanos, para que estén en condiciones de atender nuevamente a su tráfico, anticipando y planeando con mucha mayor precisión cualquier necesidad de ampliación que la demanda llegase a justificar.

Con todo respeto, me parece un grave error seguir gastando recursos fiscales en un nuevo aeropuerto (Santa Lucía), cuya viabilidad, de por sí cuestionada, hoy resulta virtualmente inexistente.

Mejor destinemos ese dinero, esa mano de obra, esos recursos, ese talento y esa urgencia para atender la demanda de instalaciones, personal y equipo sanitario derivada del COVID-19 o respaldar a las pequeñas y medianas empresas.

Los tiempos cambiaron; hasta nuevo aviso, México no necesita nuevos aeropuertos, sino que los actuales operen mejor. Mejor construyamos y equipemos urgentemente hospitales. En las circunstancias que vivimos, los aeropuertos pueden esperar, se los aseguro.

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