El 787 presidencial: La desproporcional herencia de Felipe Calderón a sus sucesores

Cuando me enteré de la intención del entonces Presidente Felipe Calderón de adquirir un Boeing 787-8 para convertirlo en la principal aeronave de los mandatarios mexicanos, mi primera reacción fue pensar que un 787 era demasiado avión para nuestro ejecutivo federal.

Reflexioné no solamente en sus costos de adquisición, llámense compra o arrendamiento, sino también en sus costos de mantenimiento, seguros y operación. Consideré su peso y tamaño, y los equipos de apoyo en tierra en los aeropuertos que requiere para operar, lo cual en mi opinión le impediría aterrizar en muchos aeropuertos de nuestro país.

Si bien no del todo, comprendí la preocupación de Calderón y su equipo sobre las condiciones del Boeing 757-200 “Presidente Benito Juárez”, adquirido en la administración de Miguel de la Madrid, y designado para operar como Transporte Presidencial 01 o TP-01 en sustitución del Boeing 727-100 “Quetzalcóatl” de López Portillo, y de alguna manera entendí la necesidad de procurar una nueva aeronave para estos propósitos.

Tal y como lo expresé en alguna columna anterior publicada en los medios del Grupo T21, las necesidades de aerotransporte de un Jefe de Estado son sofisticadas y responden al día a día de cada gestión gubernamental y de su coyuntura.

Hasta donde entiendo, la decisión tomada a mediados del año 2012 de adquirir el “José María Morelos y Pavón”, aeronave con número de serie 40695 y matrícula mexicana XC-MEX, de alguna manera se relaciona con las negociaciones que entonces Aeroméxico estaba sosteniendo con Boeing para hacerse del modelo, algo que podría haber contribuido a que se le ofreciesen al gobierno mexicano condiciones particularmente atractivas para hacerse de este avión en particular, toda vez que además estamos hablando del sexto 787 producido, mismo que desde su primer vuelo en el año 2010, formó parte de la flota empleada por Boeing en los vuelos de ensayo y certificación del modelo, ostentando la matrícula N787ZA.

Al que firma esta columna la verdad aún no le quedan claras las condiciones de la operación financiera que hizo posible que el avión finalmente le fuese entregado en octubre del año 2014 al gobierno mexicano, que a su vez lo entregó a la Secretaría de la Defensa Nacional, de la que depende la Fuerza Aérea Mexicana, a cargo de su operación y el papel que tuvo, y de hecho, aún tienen en su control como activo el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (Banobras) y la propia Boeing. Algunas versiones apuntan a que está última sigue siendo la propietaria de la aeronave, mientras que otras apuntan hacia la institución financiera mexicana.

Lo cierto es que el avión finalmente llegó a México y para el año 2016 ya estaba haciendo vuelos presidenciales.

La pregunta es obligada: ¿Debió Peña Nieto rechazar el avión?

Posiblemente, en especial al inicio de su gestión, cuando quizás Boeing todavía no había comenzado las labores de adecuación de aeronave de prueba para su entrega, momentos en los que la cancelación del pedido en una de esas podría no haber resultado tan onerosa y habría permitido al gobierno mexicano adquirir una aeronave mucho más adecuada, como siento hubiese sido un Boeing BBJ2, basado en el 737-800 o un Airbus ACJ320 basado en el A320, por ejemplo.

El futuro del XC-MEX se complicó cuando el entonces candidato Andrés Manuel López Obrador estimó como excesiva la aeronave, lo cual es totalmente cierto y decidió desprenderse de ella, lo cual tal y como se ha demostrado, esto no es tan sencillo de hacer, en particular cuando estamos hablando de una aeronave que tiene básicamente tres grandes problemas:

  1. Es muy grande que no cualquier gobierno, corporativo, fuerza aérea o millonario necesita o puede pagar por ella.
  2. Fue configurada a las necesidades específicas del ejecutivo mexicano, por lo que las mismas pueden no atender las necesidades de potenciales compradores que pretendiesen emplearla como aeronave tipo VIP.
  3. Adecuarla para ser operada como aeronave de aerolínea resultaría particularmente oneroso, además de que, al tratarse de un virtual prototipo, sus prestaciones no se pueden comparar con las que ofrecen a las aerolíneas 787 producidos posteriormente, lo que impacta en su economía de operación.

¿En qué va a terminar todo este asunto?

Esa es la gran pregunta que nos hacemos los mexicanos conforme nos acabamos de enterar que luego de haber estado estacionada en Victorville, California, desde diciembre del 2018, donde, además, y eso es muy importante, ha recibido el correspondiente mantenimiento, el gobierno lopezobradorista ha decido traer de regreso la aeronave a México, para desde aquí continuar con su proceso de venta. Se habla también de rentarlo a demanda, como si fuese un taxi aéreo.

Sobra decir que nos surge la duda de dónde será conservado, toda vez que tal y como se ha expresado en el portal de noticias especializado en aviación A21, ninguna instalación de la Fuerza Aérea Mexicana, salvo lo que alguna vez fue el hangar presidencial en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), donde se construyó un hangar especialmente para esta aeronave, la puede albergar.

Cabría en instalaciones de Aeroméxico, en el MRO de Mexicana, en el que fue el hangar de TAESA en Toluca, y en Matrix en Tijuana. De ellas, debido a temas de certificación, solamente en las de Aeroméxico podría recibir mantenimiento.

Una variable importante en este contexto tiene que ver con la duración del proceso de venta y eventualmente de entrega a su nuevo operador de la aeronave; y es que estamos hablando de dos temas:

a) Disponibilidad de espacio en los hangares, comenzando por el presidencial que se supone deberá ser retirado de donde está al avanzar la construcción de la nueva Terminal 3 del AICM y la potencial necesidad de los operadores de los hangares de emplearlos según su mejor conveniencia, en albergar o dar mantenimiento en ellos a otras aeronaves.
b) Costo, toda vez hasta donde entiendo salvo el hangar presidencial, los demás son operados por empresas privadas y, por ende y haciendo a un lado consideraciones políticas, seguramente van a querer cobrar por tenerlo ahí. Además, habrá que preservarlo adecuadamente.

Dicho en pocas palabras: ¡Vaya herencia la que les dejó Felipe Calderón a sus sucesores con ese 787!

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