Suenan las alarmas en el Seneam por falta de controladores

Si bien ya hemos comentado con anterioridad en los espacios del Grupo T21 las limitaciones para el desarrollo de la aviación civil en condiciones de seguridad, eficiencia y economía, que supone la falta de personal técnico aeronáutico, hay un tema que está comenzando a cobrar particular relevancia conforme se hacen esfuerzos para optimizar el uso de un activo de dimensiones limitadas y no expandible como es el espacio aéreo.

Por lo anterior me refiero a la escasez de controladores de tránsito aéreo, sin duda el mayor activo de cualquier servicio de su tipo, cuya calidad depende en buena medida de la los controladores con los que cuenta, de los equipos y tecnologías que empleen, de su mantenimiento, de la capacitación que reciban, de la supervisión que les dé la autoridad aeronáutica, del marco legal que regule su desempeño y del ambiente laboral en el que se desenvuelvan.

El asunto es relevante en todas las geografías, pero alarmante en aquellas que registran altos niveles de saturación de tráfico aéreo o en las que se está ampliando la infraestructura, caso de nuestro país, especialmente del Valle de México en cuyos cielos se pretende convivan las operaciones de tres muy activos aeropuertos: el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), el Aeropuerto de Toluca y ahora también un aeropuerto en Santa Lucía.

¿Cómo espera el Gobierno federal incrementar el número de aeropuertos y por ende el número de rutas de aproximación y salida a ellos en el Valle de México y sus alrededores, reduciendo peligrosamente separaciones entre ellas, sin contar con los controladores debidamente capacitados, experimentados y motivados que este vital eslabón de las operaciones aéreas requiere?

De acuerdo a información a mi alcance, el déficit de controladores que registra el Órgano Desconcentrado de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), denominado Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (Seneam), a cargo de esta labor en México resulta alarmante, tanto así que no solamente se cuestiona la viabilidad de incorporar una gestión del tránsito aéreo tan compleja como la que se propone para el Valle de México, sino inclusive para seguir atendiendo con seguridad y eficiencia la demanda en el esquema actual.

Estamos hablando de un escenario en el que además, no simplemente faltan controladores, sino que muchos de los activos ya deben jubilarse, o descontentos con lo que experimentan en su labor, ya desean hacerlo, lo cual ampliaría aún más el déficit.

Tomando en cuenta lo barroco que resulta la gestión gubernamental mexicana, y sin echar culpas a persona u organización en particular, pero también sin eximir a potenciales responsables, hay que reconocer que por alguna razón, quien o quienes debieron hacerlo en el pasado, fallaron en asegurarse que el Seneam contase con los controladores que eventualmente requeriría, algo que pone en peligro no solamente cualquier programa de desarrollo de infraestructura y operaciones aéreas, sino su seguridad, lo cual resulta a todas luces totalmente inaceptable, tanto para la aviación nacional como la internacional, a la que no hay que olvidar también le interesa la seguridad y eficiencia del estratégicamente ubicado geográficamente hablando espacio aéreo mexicano.

Pienso que quienes insisten en que el Valle de México cuente con tres aeropuertos en lugar de los dos con los que dispondría de haber continuado la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, misma que supondría el cierre del AICM, deben de tener muy, pero muy en cuenta esta problemática, sin dejar de considerar además que la formación del personal técnico aeronáutico de calidad, es un complejo y a veces muy tardado proceso en el que intervienen sofisticadas y costosas variables.

Me da la impresión que el tema es tan relevante e impacta de manera tan significativa tanto dentro como fuera de México, que las organizaciones internacionales y los grandes actores aeronáuticos internos y externos, se verán forzados a intervenir y presionar al Gobierno federal, para tratar de evitar un caos y lo más importante: una catástrofe en los cielos de nuestro país.

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