¿Cuál es la vida útil de una aeronave?

Frecuentemente se me pregunta: Juan Antonio, ¿cuánto tiempo tiene de vida una aeronave?

Debo confesar que la respuesta es multifactorial y por ende no es sencilla de explicar. De hecho, quizás haya que comenzar por replantear la pregunta en términos más concretos, comenzando por definir la vida de qué clase de aeronave estamos hablando.

Y es que la historia registra casos de aeronaves cuya vida se limitó a unos cuantos vuelos, si es que no a uno solo, caso por ejemplo de esos miles planeadores que fueron empleados en la segunda guerra mundial para hacer llegar tropas al territorio de combate o a la retaguardia enemiga al amparo de la noche y de manera silenciosa.

Caso también por ahí de ciertas aeronaves experimentales como el gigantesco H-4 “Hércules” o “Sproose Goose” cuyo diseñador y propietario, Howard Hughes, supo muy pronto no haría otra cosa, tal y como ocurrió, que ayudarlo a cumplir con un contrato, realizando un único vuelo.

Hay aeronaves que inclusive nunca vuelan, como aquellos prototipos que son empleados para pruebas de certificación.

Lo cierto es que quien diseña una aeronave lo hace con una idea clara de la vida promedio que tendrá, la cual se puede medir en ciclos (despegue-aterrizaje), en horas de vuelo o en años.

En algunos casos y debido a diversas razones, los promedios no se cumplen, pero en otros se superan y mucho, alcanzando cifras verdaderamente impresionantes, en especial cuando cierto ejemplar, más allá de haber tenido una larga carrera conservando su diseño original, ha sido modificado o reconfigurado para cumplir nuevas misiones.

Un ejemplo que ilustra lo que expongo son las conversiones a cargueras que se hacen a aeronaves que han dejado de ser rentables para transportar pasajeros.

El día de hoy voy a comentar una aeronave en particular, que además de longeva ha resultado sumamente versátil, me refiero al Douglas (Basler) BT-67 Turbo, matriculado ZS-ASN, número de serie 33581/16833, operado por la sudafricana Spectrem Air en misiones de mapeo de recursos minerales en diversas geografías, un avión cuya fisonomía actual caracterizada por estilizadas e impresionantes antenas y otros elementos técnicos que se le han agregado, combinada con sustitución de sus motores a pistón originales por motores turbocargados, no guarda mucho parecido que digamos con la que disponía en ese año 1944 en el que fue entregado como Douglas DC-3 a la Fuerza Aérea Norteamericana, convertido muy pronto a carguero C-47 (Dakota) para la Royal Air Force británica y operado posteriormente con 15 matrículas civiles y militares diferentes de 9 países, antes de recibir la actual.

¿Cuántas horas de vuelo o cuántos ciclos tiene? Lo ignoro, lo que sí sé es que está tocando los 75 años de edad.

Si tomamos en cuenta que se fabricaron unas 17 mil unidades y derivados del Douglas DC-3 de los cuales aún se mantienen en operación entre 200 y 300, el tema de conseguir refacciones para el ZS-ASN, factor crítico de continuidad de operación, no debe ser tan complicado como originalmente pareciese y considerando que para sus dueños actuales es una plataforma idonea para las misiones que le son encomendadas, no debe sorprender que el futuro de este aparato en particular no esté escrito y que en una de esas pudiera acumular algunas décadas más en servicio.

¿Llegará a los ochenta años de vida? ¿A los noventa? ¿A los cien? Eso solamente lo saben quienes están encargados de mantenerlo y operarlo, y también quienes, en su calidad de autoridad aeronáutica deben certificar su estado.

Algo que me queda claro es que mientras su operación resulte segura y rentable, no hay razón para cortarle las alas, lo cual me da gusto debido a que estamos hablando de toda una belleza de aires clásicos.

Entonces, ¿cuál es la vida útil de una aeronave? ¡Buena pregunta!

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