Se desata la guerra comercial en la industria aeronáutica

Por:
Juan A. José

Sería una verdadera arrogancia afirmar si la razón asiste o no a las autoridades comerciales norteamericanas, que a finales de septiembre pasado, han impuesto un controversial y, quizás se podría decir, inaudito arancel nada menos que casi del 220% a las importaciones de aviones del modelo C Series de la canadiense Bombardier, destinados a la aerolínea Delta de Atlanta, Georgia.

No soy abogado y menos un experto en derecho comercial, pero en lo que igual puedo reclamar algo de crédito es en conocer un poco de historia aeronáutica, veta que voy a emplear para comentar el asunto al que veo ya como una abierta y, me temo, potencialmente perniciosa guerra comercial, involucrando algunas importantes naciones manufactureras aeronáuticas, comenzando por Washington y Ottawa, a las que casi de inmediato se sumaron los de Londres.

A raíz de ello podrían ver como se pierden miles de empleos en Irlanda del Norte donde se hacen las alas del modelo y en la que pronto podríamos tener inmersas a las economías que el moderno modelo de producción aero-industrial basado en la subcontratación y la dispersión geográfica de la proveeduría ha puesto en los mapas del sector, incluyendo a México, en donde no hay que olvidar, Bombardier tiene una destacada presencia.

Si investigamos a fondo cada compañía, nos daremos cuenta que pocos fabricantes de aeronaves o sus componentes en el mundo entero, y en toda la historia de las construcciones aeroespaciales, han funcionado sin algún grado de subsidio gubernamental a nivel nacional o local, directo o indirecto.

Algunos son tan claros como el agua, caso de los fabricantes de propiedad gubernamental civil o militar o de los que transparentan los apoyos; otros son evidentes, caso de los que se benefician de jugosos contratos en condiciones especiales generalmente relacionados con compras militares; pero muchos de ellos, la mayoría yo diría, son difíciles de demostrar, de ahí la complejidad de los procesos administrativos y judiciales que rodean las acusaciones de ilegalidad.

Es más, me atrevo a afirmar que sin contar con alguna clase de apoyo por parte del Estado gran cantidad de fabricantes simple y sencillamente no existirían.

Quizás el conflicto más conocido y también podríamos decir más representativo en torno a supuestos subsidios (legales o no), es el que eternamente han sostenido por un lado los norteamericanos de Boeing y por el otro los europeos de Airbus.

Profesionales de diversas especialidades podrían escribir centenares de tesis y textos académicos sobre estas disputas que me temo no acabarán nunca y seguirán ocupando encabezados en los medios, distrayendo la atención de gobernantes y empresarios de temas que algunos podríamos considerar más importantes.

Recordemos por ejemplo, que el binomio Canadá-Bombardier no solamente está peleando contra Estados Unidos-Boeing sino que sostienen también una fuerte y añeja controversia con los brasileños de Embraer.

El problema es, y eso es lo que me preocupa más, que en estas luchas, los únicos que terminan ganando algo son los despachos de abogados y algunos políticos populistas, mientras que las economías, la industria y sus empleos y familias sufren y mucho.

Comenta y síguenos en Twitter: @GrupoT21

Comentarios de los lectores:

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene privado y no se mostrará públicamente.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd> <blockquote>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Más información sobre opciones de formato

CAPTCHA
Esta pregunta se realiza para impedir el envío automatizado de mensajes spam.
14 + 0 =
Resuelve esta sencilla operación matemática y escribe el resultado.