Anticipación, antídoto ante las demoras de los vuelos

Las demoras son una de las contingencias más desagradables en el aerotransporte moderno. Entre temas de saturación en aire y en los aeropuertos, mala gestión de aerolíneas, reforzamiento de medidas de seguridad, detalles técnicos de algunas aeronaves, mala coordinación entre actores y mayores restricciones para el tránsito de los tráficos, las posibilidades de llegar a tiempo al destino final tan buenas como se desearía.

Hoy día apostar a hacer una conexión internacional en un aeropuerto, es arriesgado, considerando que, entre las demoras en la operación de los vuelos, esas enormes filas en los procesos de internación y el creciente riesgo de ser sometido a la ahora famosa “inspección secundaria” por parte de las autoridades, el creer que uno va a lograr estar a tiempo para abordar el vuelo con el que conecta resulta un tanto ingenuo.

Lo triste es que la apuesta no solamente resulta arriesgada en recorridos internacionales; pensar que el vuelo doméstico va a operar conforme a itinerario es algo que ya no es tan seguro, de ahí que algunos pasajeros se estén viendo forzados ampliar sus márgenes de maniobra y volar con mayor anticipación, acción que todo parece indicar es el único antídoto ante el dolor de cabeza que seguramente va a generar llegar retrasado a cierto lugar o compromiso.

No es lo mismo comprarle un boleto a una aerolínea muy barata, pero que tiene fama de impuntual para hacer ese viaje de placer “sin prisas”, que comprárselo a sabiendas de ello para atender una cita importante que no puede ser reprogramada. “Mejor no arriesgarle”; aun cuando uno vuele con operadores confiables, nunca falta alguna contingencia atribuible o no a la aerolínea, potencialmente generadora de una demora, por lo que unas horas extras, o hasta un día de anticipación en el destino o en una escala intermedia termina siendo un precio muy bajo comparado con el que se paga al perder ese irreparable negocio, ese diagnóstico, ese barco o ese vuelo adicional.

Sin duda, a veces, los vuelos se retrasan o las autoridades complican el tránsito de los pasajeros, por lo tanto, no queda otra que pensar mal y planear nuestros itinerarios con mayores márgenes de maniobra. Las leyes se podrán modificar y hasta obligar a las aerolíneas a compensar de alguna manera a sus clientes en casos de demoras, es cierto, pero nunca van a cubrir lo que le puede a costar en realidad al pasajero el no llegar a tiempo a su destino.

Mi sugerencia aplica también a la llegada al aeropuerto de origen a documentarse; la diferencia entre abordar o no un avión o protegerse ante alguna eventualidad asociada al vuelo puede radicar en haber llegado con anticipación al mostrador, disponiendo así de tiempo para actuar o para encontrar alguna opción.

Al final de cuentas el asunto se resume en un tema de costo vs riesgo; una decisión que solamente puede medir y tomar el usuario.

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