Cuando se recibe por lo que se paga

De la misma manera en la que no puedo esperar que se me sirva un filete de res calidad Angus a cambio de 100 pesos en el restaurante de la esquina, tampoco voy a aceptar que se me prepare un Rollo Maki a base de camarón pacotilla de tercera en un costoso restaurante japonés.

Lejos parecen los tiempos en los que las diferencias en materia de servicios asociadas a la tarifa pagada en una misma clase no existían.

Hoy día en una misma cabina, en especial en la más económicas, las diferencias entre lo que uno y otro pasajero termina recibiendo son abismales, lo cual ha obligado a que el proceso de compra de un boleto de avión, que otrora se limitaba a elegir clase, fuese turista, negocioso primera, en función a estadía, se haya convertido en un ejercicio de integración de producto a la medida de quien lo va a consumir, todo desde una tarifa base por segmento, ahora sí que “pelona”, a veces a rape, se podría alegar, con el derecho solamente a ser transportado con seguridad del punto A al punto B, básicamente sin servicio adicional alguno.

Bien se dice por ahí que la más inteligente estrategia que jamás han implementado las aerolíneas ha sido convencer a sus clientes de pagar por lo que solía ser lo menos que recibían de ellas. ¿Será?

Las aerolíneas han apostado, y todo parece indicar con éxito, a que el pasajero siempre estará dispuesto a pagar extras con tal de disfrutar de ciertas comodidades a las que estaba acostumbrado o a las que aspira, en especial cuando viaja acompañado de familiares, pareja o socios.

El secreto para no terminar frustrado y amargado es tratar de entender que en el moderno aerotransporte virtualmente todo es adicional a la tarifa base y que si se pretende volar barato, algo que por cierto es posible y crecientemente deseable, se tiene que aceptar que se va a recibir un producto barato y no un lujo a precio de oferta, como se debe estar consciente que lo extra viene acompañado, precisamente de otro extra.

El reto para el operador es cumplir con el pacto contractual y entregar tanto lo barato como lo caro cumpliendo con la normatividad y satisfaciendo las expectativas del usuario. Hay quienes están dispuestos a aceptar realidades como volar en una aeronave cual sardinas en lata con tal de no pagar mucho por su transporte, como hay quien puede pagar mucho dinero por un servicio más sofisticado.

Lo que no se vale y de hecho nadie acepta es la descortesía, la ineficiencia, las violaciones al marco regulatorio, la deshonestidad y mucho menos la inseguridad por parte de un proveedor de aerotransporte, se pague lo que se pague.

Creo que todo se resume en una cuestión de percepción de valor por parte del cliente y de cumplimiento compromisos.

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