La crisis en Alitalia y las prescindibles aerolíneas bandera

Por:
Juan A. José

En el momento en el que Pan Am, por mucho la aerolínea más importante de la historia, dejó de operar en el año 1991 me quedó claro que ninguna operadora del mundo estaba ya exenta de seguir su camino, incluidas las más arraigadas aerolíneas bandera, generalmente protegidas por nacionalismos y sus correspondiente subsidios nacionales.

En tiempos en los que el aerotransporte está siendo visto más bien como un negocio y no como ese indispensable producto intermedio que facilita actividades productivas o sociales, el concepto de aerolínea bandera adquiere tonos de anacronismo, de ahí que a nadie deba sorprender que en esta nueva crisis, el gobierno italiano esté por decidir ya no respaldar más a Alitalia, la aerolínea preferida del Vaticano, compañía con orígenes que datan del año 1946, y que por segunda vez se ha acogido a las leyes de quiebra.

Si bien la debacle de una empresa y más de una tan importante como ésta en su ámbito local es significativo y repercute negativamente en diversos sectores, comenzando por su población que resiente la pérdida de empleos, lo cierto es que en el contexto europeo actual la demanda de aerotransporte nacional e internacional italiana puede ser atendida con relativa rapidez por las aerolíneas europeas en lo doméstico y lo regional y por las extranjeras o por alguna nueva aerolínea nacional en lo que atañe a vuelos de mediano y largo recorrido.

A Hungría no le pasó realmente nada cuando su aerolínea bandera Malev dejó de operar en el año 2012, como tampoco les pasó nada a los belgas cuando la histórica Sabena hizo lo mismo en el año 2001. Los suizos no sufrieron pesadillas logísticas con la desaparición de la gran Swissair, ni los griegos con Olympic en el 2009.

El modelo de operación de alta eficiencia que rige las actividades aéreas en la actualidad coloca desgraciadamente a las aerolíneas tradicionales en una posición muy comprometida a la hora de que se les imponen conceptos de rentabilidad a la hora de volar.

Lo anterior, porque la mayoría de los gobiernos se han dado cuenta que más allá de atender ciertas interpretaciones de nacionalismo, o muy pocas y difíciles de defender necesidades estratégicas muy concretas, más bien cercanas a requerimientos en materia de defensa y seguridad interna, no hay necesidad de subsidiar a aerolínea alguna para mantener la conectividad aérea que requiere un país.

Algunas aerolíneas tradicionales y/o de bandera se han ido adaptando a la nueva realidad y reorganizadas, están resultando más bien exitosas, casos por ejemplo de Iberia, British Airways, LAN, KLM, Singapore, Japan, Air Canada, COPA, Aeroméxico y las tres grandes que quedan en Estados Unidos (American, Delta y United).

Otras, con altas y bajas tienden a ir por buen camino, caso de Aeroflot, Air France, Avianca, El Al, Lufthansa y Qantas, mientras que otras se las están viendo muy, pero muy negras, tal es el caso de Aerolíneas Argentinas y Malaysia.

A ver qué pasa finalmente con Alitalia. Los mejores deseos a su personal y proveedores.

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