El peligro de las aerolíneas virtuales

No voy a negar que hay muchas empresas que al ofrecer servicios confiables y de calidad por medio de sus medios electrónicos de distribución facilitan la vida de a sus clientes. Pero no todas…

A la era del internet le podríamos llamar también la era de las empresas y de las personas virtuales. Y es que casi todo se está volviendo relativo; desde las relaciones personales hasta la generación de productos y servicios.

La tangibilidad con la que generalmente asociamos encuentros o compras se ha ido perdiendo, forzándonos a la costumbre de no poder sentir cerca a esa persona especial o a no tener ese papel o esa muestra en nuestras manos.

A los pasajeros de avión de mi generación, por ejemplo, nos cuesta trabajo no tener una copia impresa de nuestro boleto a la hora de hacer uso del transporte.

El problema es que no solamente como pasajero se carece de un “papelito” (en el que por cierto deberían incluirse de manera clara las condiciones general del transporte contratado), sino además, dada la manera en la que opera el comercio electrónico y se han conformado las empresas virtuales que operan en el internet, muchas veces, cuando uno lo requiere, resulta imposible acceder a las oficinas del proveedor, que bien podría resultar que no opera en otra dimensión que no sea la virtual.

Lo cierto es que, nos guste o no, la virtualización va de gane y el público (o parte de) parece estar habituándose a ella, tanto como los pasajeros se fueron acostumbrando a conceptos asociados a la proveeduría efectiva de un servicio por parte de un tercero distinto al que contrató uno, caso por ejemplo de los llamados “Códigos Compartidos”, en mi opinión antecedente de esa nueva realidad que estamos viviendo en materia de comercio en el aerotransporte.

Es así que, consultando vuelos en diversas Páginas Web, me encuentro con servicios operados por aerolíneas que luego de hacer una investigación más profunda terminan no siendo realmente aerolíneas, toda vez que carecen de un Certificado de Operador Aéreo (AOC) expedido por una autoridad aeronáutica nacional, o si lo son, nada tienen que ver con el mercado en el que sus códigos están siendo empleados.

Voy a citar un caso: Me estoy encontrando en internet con el caso de una aerolínea de nombre Dana Air (Código IATA:9J) ofreciendo vuelos domésticos en México con equipo Airbus A320, los cuales llegan a aparecer como supuestamente operando en páginas de rastreo de vuelos, cuando en realidad se trata de una aerolínea de Nigeria y por ende no puede hacer cabotaje en México.

Analizando la información llego a la conclusión de que estos vuelos son tan reales como los pokémones que mis hijos se han dedicado a capturar por medio de sus teléfonos celulares.

Al final de cuentas, el aerotransporte implica, como todo producto o servicio contratado, derechos y obligaciones para las partes, la más vulnerable de las cuales, como siempre suele suceder, termina siendo el consumidor al que la industria de la aviación comercial y las autoridades que la regulan deben proteger.

Me parece que la recomendación para el cliente del aerotransporte moderno es tener mucho cuidado a la hora de contratar un servicio por medio de internet y confirmar que su proveedor sea una verdadera empresa (con activos, domicilio físico y autorizaciones) y no una simple página electrónica a la que difícilmente se le podrá obligar a cumplir con su parte en caso de algún contratiempo.

Tema complejo no cabe duda, que además ha comenzado a dar fuertes dolores de cabeza a varios consumidores.

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