El aerotransporte enfermo de litis

La palabra Litis proviene del latín Lis y se refiere a un pleito o contienda, a una diferencia, o a una disputa judicial en la que se litiga sobre una cosa. Otorgándonos cierta latitud en lo que el término se refiere, sus cuatro últimas letras (itis) hacen pensar en algo relacionado con una inflamación o una infección, es decir con una enfermedad.

Es así que jugando con letras y palabras, aquello que tiene que ver con Litis o Itis, lo asocio a problemas, como los que frecuentemente percibo en materia aeronáutica mexicana en la que muchos asuntos han llegado a manos de instancias judiciales (Litis), complicando el funcionamiento de este medio de transporte, algunas veces de manera tan significativa que terminan por enfermarlo (Itis).

Desde disputas por la tenencia de la tierra en la que están asentados o en la que se pretenden construir aeropuertos, hasta demandas judiciales por parte de los pasajeros ante el extravío de una maleta, pasando por juicios laborales, disputas de carácter comercial, quiebras, denuncias penales, actos de autoridad, incumplimiento de compromisos contractuales, peleas entre accionistas, conflictos gremiales, interpretación de leyes y temas fiscales, entre otras clases de costosas Litis, el papel que los abogados tienen en la aviación mundial va, como se diría en idioma italiano: in crecendo, al grado de que muchos de ellos han llegado a encabezar algunas importantes empresas y entidades aeronáuticas.

Pero pensando en Italia, me viene a la mente una anécdota relacionada con un famoso político norteamericano de los años treinta del siglo pasado, de ascendencia italiana, cuyo apellido es bastante conocido en el ambiente del aerotransporte, toda vez que se le empleó para designar al que sigue siendo uno de los principales aeropuertos que sirven a la ciudad de Nueva York; me refiero a Fiorello La Guardia, quien como parte de una ambiciosa agenda de obras públicas, impulsó asimismo la construcción de lo que en un principio se conoció como Aeropuerto “Idlewild” y ahora todos reconocemos como “John F. Kennedy”.

Cuentan que ansioso de echar a volar la construcción de lo que es hoy el Aeropuerto “La Guardia”, el colorido funcionario convocó a los presidentes de las aerolíneas que volaban a Nueva York a una reunión en su oficina para ponerse de acuerdo en lo que tocaba al nuevo aeropuerto, pero les pidió el favor de que dejasen en sus oficinas a los abogados debido a que “había que sacar adelante el asunto”.

Que no se mal interprete; veo a la abogacía como una de las más nobles e indispensables disciplinas, tanto como considero que la ley y su respeto son parte fundamental de nuestra convivencia social y no me cabe duda que los abogados tienen un papel fundamental para que esto suceda. Lo preocupante son los excesos que a veces se pueden relacionar con una controversia legal; tan malo es no tener un blindaje legal como tener demasiado.

La aeronáutica tiene que ver con el vuelo, algo siempre asociado con el concepto de libertad; no le cortemos las alas en los juzgados.

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