Ya ocurrió la primera colisión de un dron con una aeronave tripulada

Ya había adelantado en este mismo espacio mi preocupación en el sentido que la proliferación de aeronaves no tripuladas, mejor conocidas como drones, se ha convertido en una amenaza a la seguridad de otras aeronaves en vuelo y a la de los habitantes de los espacios en tierra que sobrevuelan.

La colisión el pasado 15 de septiembre de un ejemplar contra una aeronave tripulada, en este caso un caza Lockheed-Martin F-16 de la fuerza aérea de Polonia, en los cielos de esa nación, se convierte, hasta donde tengo entendido, en la primera colisión documentada de su tipo.

Si bien los daños al F-16 fueron relativamente menores y muy posiblemente no pusieron en peligro a la aeronave o a su tripulación, me parece que el evento marca un parteaguas que debe ser tomado en cuenta por las autoridades globales, en especial por las que tienden a minimizar la amenaza que supone el empleo indiscriminado de estos crecientemente populares artefactos en los espacios aéreos globales.

Lo anterior, toda vez que se demuestra que efectivamente pueden realmente chocar contra aeronaves tripuladas, incluyendo las ocupadas por pasajeros, sentando las condiciones de lo que podría convertirse en un accidente de severas consecuencias y potenciales costos en vidas.

Sería injusto negar que las autoridades nacionales de aviación de varias naciones, incluyendo México, han comenzado a tomar cartas en el asunto; lo que me preocupa es la velocidad con la que está creciendo número de drones empleados en todo tipo de misiones civiles y militares, y la magnitud de las operaciones que se están realizando con este tipo de equipos, misma que no debemos descartar podrían superar los alcances de aquella normatividad, cualquiera que esta sea, y la propia capacidad de las autoridades de supervisar su cumplimiento para garantizar la seguridad de quienes comparten con ellos, tanto espacio aéreo y la de quienes yacen bajo el mismo.

No cabe duda que por sus características algunos drones resultan solamente verdaderos juguetes, ¡pero cuidado! todo juguete por inofensivo que a primera vista puede parecer, supone riesgos para quien juega o se tropieza con él.

El reto es definir la raya de lo que trasciende esa categoría, y es que operar drones que se salen de ella como juguetes me parece una apuesta arriesgada; no olvidemos que en aeronáutica no se vale apostar nada y menos al hablar de un tema tan importante como es el de la seguridad.

Si bien hago votos para que el de Polonia resulte un incidente sin repetición, me temo que tarde o temprano tendremos noticias de nuevas colisiones entre drones y aeronaves tripuladas; solo espero que sus consecuencias resulten igual de menores.

Creo que el mensaje es el mismo con el que titulé una colaboración anterior sobre el mismo tema: ¡Cuidado con los drones!

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