Industria automotriz, detonador del chárter carguero en México

Conforme una refacción o componente automotriz es requerido con urgencia en otra parte distante a donde se encuentra y se convierte en un virtual perecedero pero de metal o plástico, las ventajas asociadas al aerotransporte, comenzando por su velocidad, comienzan a derribar cualquier argumento financiero que quien embarca pudiera tener en contra del empleo del avión para hacer llegar la pieza a su destinatario.

Pero cuando ya no es una, sino muchas las piezas que son requeridas, o tienen un peso y/o volumen importante, para el que se cotizan altísimos fletes en embarque aéreo consolidado, entonces la opción de fletar una aeronave completa puede resultar en todos los sentidos la mejor solución.

En el sentido estricto, la industria automotriz no debería recurrir al aerotransporte debido a que para comenzar los componentes automotrices suelen ser objetos muy pesados, voluminosos y en términos relativos sin gran valor, atributos que de manera inicial los aleja de los tráficos usuales de los altos fletes aéreos.

Pero cuando no se logra el equilibrio entre lo que se demanda y lo que se está produciendo, balance harto difícil de lograr en una industria tan dinámica y compleja como es la automotriz, la distancia entre la mano del gerente de logística y la tarjeta de presentación del operador aéreo se acorta significativamente, en especial mediando por ahí alguna contingencia climatológica, bloqueo o falta de capacidad en las opciones terrestres o acuáticas.

Y es que las urgencias terminan por abrumar tanto al que debe entregar como al que necesita la parte, en particular cuando existe la amenaza de detener una línea de producción de automóviles, lo cual puede resultar demasiado costoso y por ende convertirse en un lujo que los proveedores o la armadora no se pueden dar.

En esta condición y para fortuna de la industria del chárter aéreo de carga, los servicios regulares no siempre pueden manejar los embarques en las condiciones de urgencia que los productores requieren y deben recurrir a un operador aéreo que tenga por ahí una aeronave disponible en fletamento para encargarse del embarque.

De esta manera, si tomamos en cuenta además que la industria automotriz mexicana está en franco crecimiento, a nadie debe sorprender la magnitud del tráfico aéreo chárter en los aeropuertos mexicanos, cada día más cercanos a plantas de producción de componentes automotrices y a armadoras completas.

En este sentido, las noticias sobre la instalación de nuevas plantas armadoras dentro del territorio mexicano no significan otra cosa que buenas noticias para los operadores logísticos en general incluyendo los aéreos.

¡Pero cuidado! No cualquiera está en condiciones de atender este mercado en el que las presiones asociadas al cumplimiento de las entregas se trasladan al operador que acepta el compromiso de operar la carga clasificada como urgente, en tiempo y forma, asumiendo enormes responsabilidades que no todos los operadores debieran asumir.

Tal y como una negligencia entre el personal de vuelo de una aeronave puede resultar catastrófica, un arrebato de temeridad en una industria con el peso que tiene la automotriz, puede terminar con facilidad con un operador aéreo.