Estambul construye un nuevo mega aeropuerto

En todos los sentidos, la hermosa Estambul, en Turquía, es una ciudad emblemática, la tercera urbe más poblada de Europa es una de las capitales culturales del planeta y el punto de encuentro de dos continentes. El río Bósforo, que la atraviesa y divide a Asia de Europa, une a países del Mar Negro como Rusia, Ucrania y Bulgaria con el Mar de Mármara y de ahí con el Mediterráneo, convirtiendo a Estambul en una verdadera encrucijada para el tráfico marítimo.

El anuncio del inicio de la construcción de un nuevo aeropuerto para esta ciudad, que podría llegar tener seis pistas y una capacidad de 150 millones de pasajeros anuales para el 2025 y que de completarse podría ser el aeropuerto más grande del mundo -a menos que los chinos o los árabes digan lo contrario-, convertiría a la antigua Constantinopla también en uno de los principales centros de tráfico aéreo global. Aprovechando su privilegiada ubicación geográfica, las aerolíneas de naciones de la región del Medio Oriente como Emirates, Qatar y Ethiad están creciendo espectacularmente ofreciendo opciones económicas y convenientes para unir a América y a Europa con puntos en toda Asia haciendo breves y cómodas conexiones, amenazando peligrosamente con desequilibrar las economías de aerolíneas virtualmente de todos los continentes. Estoy hablando de British Airways, Lufthansa, Air France-KLM, Air India, Singapore Airlines, QANTAS, Cathay, Air Canada, Delta, United y American entre las más afectadas.

Las malas noticias para estas empresas de aerotransporte llegan conforme las aerolíneas turcas han decidido sumarse a esta oferta pero con un valor adicional: a diferencia de los Emiratos Árabes, la moderada y flexible Turquía musulmana es una potencia industrial exportadora y turística de primer orden, capaz de generar grandes volúmenes de tráfico de origen y destino y así no depender del tráfico de conexión. Los atractivos turísticos turcos no le piden nada a nadie, incluyendo sus playas que además se encuentran a escasas dos horas y media de centros generadores de tráfico tan importantes como son los alemanes, que además compran sus manufacturas y los productos agrícolas.

Por eso, no debe sorprender a nadie que en fechas recientes la aerolínea Turkish Airlines haya realizado enormes pedidos de aeronaves tanto de cabina ancha, caso del Boeing 777-300ER del cual está comprando 20 unidades, como de un solo pasillo adquiriendo 117 aeronaves de la familia Airbus A320. Ello llevaría a Turkish a operar hacia el 2015 unas 375 aeronaves, incluyendo la nada despreciable cifra de 12 cargueros dedicados, entre los cuales se encuentran ejemplares del Airbus A330-300F, convirtiendo a esta aerolínea en todo un jugador en el aerotransporte no solo en su región geográfica sino en todo el orbe.

Baste decir que entre los agresivos planes de expansión de la aerolínea se mencionan nuevos destinos en América Latina incluyendo a la Ciudad de México, urbe que carece de vuelos directos hacia el Medio Oriente desde finales de los años 70 cuando la aerolínea israelí EL AL dejó de operar la ruta entre Tel Aviv y México D.F. con escala en Roma y Nueva York, de corta vida por cierto. Habrá entonces que reubicar a Estambul en el mapa.