Viajes aéreos: Verano complicado

Algunas líneas aéreas, las más serias, están enviando a sus clientes correos para advertirles de las complicadas condiciones que tiene hoy el transporte aéreo para esta temporada de verano. Entre otras cosas, explican que una vez que se han levantado las restricciones a la pandemia, el sistema se ha estado recuperando de casi cero a 90% y claramente no está avanzando con la rapidez, la solidez y la puntualidad que están acostumbradas a ofrecer.

Y esto es sólo una parte del panorama que se observa en la aviación mundial, en particular en Europa y Norteamérica, debido a varios factores: por una parte, la falta de personal suficiente, puesto que durante la pandemia hubo recortes importantes que no han terminado de subsanarse; el incremento a la turbosina como resultado de la guerra de Rusia con Ucrania y, por la misma razón, el desvío de vuelos para no sobrevolar el espacio aéreo de la zona en conflicto; asimismo, las cadenas de suministro que no terminan de reintegrarse y la alta inflación que todo el mundo está padeciendo.

En el primer caso, existe un fenómeno interesante que en Estados Unidos han dado en llamar “la gran renuncia” que en resumen alude a cierta resistencia de diversos empleados de regresar a las labores que estaban desempeñando antes de la pandemia. El asunto tiene varias aristas, una de ellas tiene que ver con la exigencia de los sistemas de trabajo híbridos que les dan mayor flexibilidad a las personas y en otros casos, que la pausa les permitió a muchos trabajadores repensar su profesión.

Hay casos de tripulaciones que viven este fenómeno, pero el grueso de la ausencia se concentra en despachadores de vuelo, personal de rampa, maleteros, servicios de seguridad y demás, tanto en aerolíneas como en aeropuertos y servicios auxiliares; y aunque hay un esfuerzo específico por traer nuevo personal, lo cierto es que las propias aerolíneas consideran que la situación no estará resuelta hasta el próximo invierno.

El fenómeno de restricción del espacio aéreo ruso, aunque pareciera insustancial, sí está afectando al cielo europeo, donde se están formando cuellos de botella masivos que abonan a los retrasos.

El otro tema tiene que ver con las flotas, debido a que una parte importante de los aviones que volaban antes de la pandemia quedaron en tierra y la reincorporación de esos aviones o la adquisición de nuevos, no ha sido tan rápida como se esperaba.  De ahí que las aerolíneas han tenido que consolidar frecuencias, con el consiguiente desajuste en los itinerarios comprometidos y el desconcierto y frustración de los pasajeros.

Pero lo más preocupante, sin duda, es el asunto del precio del combustible y del alza inflacionaria, ya que esto repercute directamente en el costo de los boletos y de todos los servicios asociados al turismo. Con el barril de crudo rondando los 110 dólares, los costos de las aerolíneas se elevan sustancialmente y la inflación tampoco ayuda en un entorno donde los europeos no tienen hoy muchas opciones de viaje, porque los destinos de Asia o están cerrados o hay restricciones todavía.

Viviremos, pues, una temporada de verano con muchos tropiezos, aunque es una manera de regresar a la normalidad. Por lo pronto tome con paciencia las saturaciones y las demoras.

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