Aeroméxico ya salió. Y Aeromar… ¿cuándo?

Con un final de telenovela, Aeroméxico logró cerrar los acuerdos con los acreedores en la Corte de Nueva York para que la juez Shelley Chapman les aprobara su plan de negocios y salir del Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de los Estados Unidos. Eso significa que la empresa tiene garantizados recursos por 4,200 millones de dólares y un plan de negocios que incluye acuerdos sindicales para bajar costos que le permitirán transitar hasta el 2026.

Desde luego que el proceso no fue nada fácil. De hecho, en varias oportunidades estuvo a punto de descarrilarse por falta de acuerdos con los acreedores o bien por irrupciones de algunos fondos interesados en obtener más privilegios de los que ya de por sí tenían. Incluso, en el último momento, cuando ya el 99% de los acreedores habían llegado a un acuerdo, hubo un intento del fondo Invictus de frustrar la salida del Capítulo 11 de la aerolínea del Caballero Águila.

Los argumentos esgrimidos en la mayoría de los casos fueron los términos en que algunos de los inversionistas de la empresa pudieron acceder a las acciones en la nueva conformación de la aerolínea, especialmente el grupo de control que tiene que quedar en manos mexicanas para cumplir con la Ley. De hecho, aún no se sabe si la empresa será deslistada o no de la BMV para terminar de cuadrar la nueva conformación accionaria, o bien, sólo habrá un intercambio de acciones, ya que prácticamente se diluyó la antigua conformación y ahora están 1,000 a uno.

Pero lo interesante no viene en términos de acciones en bolsa sino del futuro que tendrá la aerolínea en medio de un escenario complicado para la aviación mexicana. La degradación a categoría 2 que la Agencia Federal de Aviación de los Estados Unidos (FAA) impuso a nuestro país limita las opciones de Aeroméxico en este mercado que es el más importante para las aerolíneas mexicanas. Por ello era importante que Delta se quedara con un porcentaje importante, aunque menor al que ostentaba.

El otro punto es si la empresa puede tener mayor flexibilidad para plantear el resto de sus rutas en el futuro y si para ello requerirá hacer cambios estructurales y nuevas alianzas o si decidirá obsequiar a las autoridades un vuelo testimonial desde el AIFA a cualquier parte del país o incluso a Sudamérica.

Pero la que tiene un panorama difícil es Aeromar. Endeudada y con miles de problemas, su director, Danilo Correa, ha hecho esfuerzos por generar un plan de negocios que le dé mejores salidas, pero no parece ser suficiente. La estructura de sus rutas y los costos de operación no le han permitido hacer frente a su creciente deuda.

El Gobierno federal está hoy ante la disyuntiva de dejarla caer o de intervenirla para que la concesión no se pierda y sus pasivos se capitalicen, todo ello con tal de no caer en la misma omisión que sufrió Mexicana en el 2010. La opción de que los trabajadores capitalicen a su vez los adeudos no es imposible y que se convierta en la aerolínea ancla en el AIFA podría ser su única salvación con un plan de negocios realista, pero esta alternativa requiere bordar muy fino.

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