¿Es el fin de las aerolíneas tradicionales?

En los tiempos que corren el transporte aéreo ha logrado sobrevivir a la pandemia, que significó la caída del 90% del tráfico en el momento más crítico, en parte gracias a que los suministros de diversas cadenas productivas requirieron del apoyo de la carga aérea para ser más eficientes y también porque las vacunas y otros bienes de primera necesidad no tuvieron otra alternativa que utilizar equipos aéreos, incluso de pasajeros, para ser transportados de forma rápida y eficiente.

Ahora que se empieza a percibir la tendencia hacia la recuperación, así sea con sus baches como el que ahora se vive debido al ómicron, en el horizonte emerge el fantasma de la desaparición de las aerolíneas tradicionales para, según dicen algunos, dejar todo el mercado a las de bajo costo, que son las que resistieron mejor la crisis y se han recuperado más rápido.

No obstante, el asunto no es tan simple. En otras ocasiones se ha comentado que las aerolíneas low-cost, cuya primera muy exitosa versión fue Southwest, nacieron precisamente aprovechando los excedentes que el mercado tradicional fue creando a lo largo de los años. Southwest inició sus vuelos en rutas que utilizaban aeropuertos secundarios ya en decadencia por haber sido sustituidos por grandes hubs de aerolíneas tradicionales, usando las aeronaves más eficientes creadas por la inercia de la industria original, a la vez que eliminó muchas de las prerrogativas de los clientes que en rutas cortas no eran tan necesarias, como los alimentos, los asientos preasigandos, espacios amplios para pasajeros y sus equipajes, acumulación de millas para obtener premios, etc.

Esto creó un nuevo producto que los consumidores han valorado, pues es un hecho que las low cost han capturado gran parte del nuevo mercado que se creó, sobre todo entre fines de los 90 y hasta el 2019. 

La pregunta es si en el futuro las tradicionales van a sobrevivir, vistas las tendencias de crecimiento anteriores a la pandemia y a que con la crisis el precio se vuelve crítico. Muchas tradicionales tuvieron que recurrir a subsidios y préstamos blandos de muchos gobiernos, o a mecanismos como el Capítulo XI de la Ley de Quiebras de los Estados Unidos. Pero fue evidente cómo ellas mantuvieron la conectividad en muchos mercados y sus tripulaciones ofrecieron el apoyo incondicional para la transportación de los insumos básicos y las vacunas.

Asimismo, la crisis obligó a las tradicionales a recortar costos, pactar con sus sindicatos facilidades, renegociar con arrendadores para redimensionar sus flotas y plantillas. Esto las acerca a las de bajo costo porque, además, el recorte no puede ser infinito. Las miles de reclamaciones cotidianas en contra de empresas que venden boletos sin derecho a equipaje lo demuestran, así como la insatisfacción general de muchos pasajeros que, a pesar de saber que compran bajo costo quieren una mínima cortesía de bebida o de snack. Eso sin contar con el sobreprecio que deben pagar en caso de querer cambiar cualquier condición del contrato, como fecha de vuelo o mayor equipaje.

En general las industrias, sistemas y hasta paradigmas tienen esta dialéctica: se crean, imponen un modelo al que se le opone uno nuevo y al final tendremos una buena síntesis. Ojalá logremos lo mejor de ambos mundos.

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