Aeroespacial: un nuevo tipo de empresarios

La semana pasada se encontraron en León, Guanajuato, un grupo de especialistas y empresarios del sector aeroespacial. Este sector tiene la suerte de no haber sido nunca objeto de las preferencias del Gobierno federal, como para hacer con ella una política pública. Gracias a ello sobrevive y crece, porque vive de la fuerza que le dan las empresas y de la inventiva y el esfuerzo de sus trabajadores.

En 2019 la industria aeroespacial mexicana exportó en conjunto 9,680 millones de dólares. Claro, antes de ello importó insumos por más de 7,000 millones de dólares, lo que implica que el valor agregado en nuestro país fue de alrededor de 2,500 millones de dólares.

Y aunque no está mal, en los 19 clústeres estatales donde operan las empresas del ramo hay una muy clara visión de que como país tenemos que desarrollar proveedores, tanto para dejar de importar esos insumos y que nuestro valor agregado crezca, como para ir más allá en la cadena y que ese valor sea mucho mayor, de alta tecnología y destinado a los nuevos desarrollos de productos y servicios que esta industria está demandando.

El mercado es inmenso. Estamos hablando de un sector que vale 430,000 millones de dólares, es decir, equivale al PIB de muchos países y con sólo tener una décima parte de ello, México estaría en la ruta del crecimiento sostenido. Pero ¡aguas! No vayamos a querer inventar que vamos a administrar la abundancia sin trabajarla.

Lo más difícil en esta carrera hacia ser parte del top 10 de los mayores productores y exportadores de bienes y servicios aeroespaciales no es, como podría creerse, la llamada “mano de obra”, sino, como lo bautizó el góber de Guanajuato, la “mentefactura”.

Sin duda, es indispensable, que nuestros jóvenes se integren al grupo de trabajadores de alta especialización. Pero más allá de ello, necesitamos empresarios con una mente y una cultura distinta. Esto lo expuso muy claramente el presidente de la Federación Mexicana de la Industria Aeroespacial (FEMIA), René Espinosa, al hablar de la necesidad de crear nuevos empresarios que sepan impulsar negocios cuya recompensa no está a la vuelta de la esquina y requieren inversiones de muy largo plazo, de una altísima tecnología, transparencia, entrega perfecta y a tiempo, que aprendan todos los días.

Es decir, hay que crear empresarios con mayor resiliencia y empuje y esos empresarios ya están aquí, pero hay que prepararlos ya que harán la migración de otras industrias, como la automotriz, y deben conocer a fondo el enorme reto que plantea el mundo aeroespacial, para revelar sus mejores virtudes que les permitan competir en este gran mercado.

Las más de 300 empresas que ya existen en el país, apoyadas por las grandes armadoras, las desarrolladoras de software y de diseños aeronáuticos de tecnología de punta, son un ejemplo de esto. Pero necesitamos muchas más porque, como bien apunta el semanario The Economist, México ha ampliado su mercado hasta abastecer entre 3 y 4% de las importaciones de Estados Unidos en esta industria y tiene hoy la enorme oportunidad de ser uno de los mayores proveedores de Norteamérica y de Europa. El pastel es enorme, pero las reglas de ingreso son de mucho rigor. Ojalá estemos a la altura.

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