Se buscan líderes negociadores

En momentos de crisis es común encontrar divergencias en la forma de abordar los problemas. Hay quienes piensan que lo mejor es ceder a todo por las dificultades que se vislumbran y hay quienes están en el otro extremo: no conceder nada.

Se cree, y es difícil lograr consensos, que una sola de las posiciones deberá ganar para que el problema se resuelva. Lo menos popular es buscar una forma negociada porque a veces negociar no es “ganar-ganar” sino “perder-perder” un poco cada uno, para -al final- rescatar lo rescatable.

El grave embrollo en el que está metida Aeroméxico, la empresa del Caballero Águila, es de esos problemas que reclaman con urgencia una solución sensata, tal vez no será, por el momento, ganar-ganar, pero será mantener a la aerolínea.

Para ello, sin duda, los directivos tienen que estar dispuestos a asumir las responsabilidades y atreverse a negociar cara a cara con sus sindicatos, y estos a escuchar, pedir y dar. Sangre, sudor y lágrimas.

¿Cómo no recordar la actitud autosuficiente de Gastón Azcárraga la tarde en que los sindicatos de Mexicana hicieron el mitin frente a sus oficinas en la torre de Xola? Él quería “darles una lección” a los trabajadores por atreverse a cuestionarlo y a ridiculizarlo y estaba dispuesto a perderlo todo, pero con ello no sólo condenó a la desaparición a la Primera Línea Aérea de América Latina, sino a sí mismo al ostracismo y al repudio general. Aún falta el desenlace.

La delicada situación de Aeroméxico no es para desestimarla. Sin embargo, se ha llegado al momento en que la falta de credibilidad de los administradores está minando las posibilidades de un arreglo coordinado.

Es verdad que los sindicatos podrían ser sensibles a la situación actual, pero no es menos cierto que esa sensibilidad también depende de la credibilidad que tengan quienes les presentan los números y las soluciones.

En el camino, las dirigencias sindicales se han desgastado y se requiere una buena dosis de humildad de cada grupo para que todos estén dispuestos a ceder, sentarse a hacer compromisos conjuntos que impliquen sacrificios para todos y que quien quiera saltar del barco (o del avión, en este caso) lo haga ahora mismo, mientras el resto de la tripulación sale adelante en medio de la turbulencia.

El entorno es -tal vez- de los más aciagos que se recuerden: no es simple saltar del Capítulo 11 de la Ley de Quiebras de los Estados Unidos al Concurso Mercantil en México, hay demasiados acreedores involucrados, hay demasiado dinero ya comprometido, hay mucho que perder y poco qué ganar.

Sobre todo, porque el gobierno mexicano no está en su mejor momento: no hay director de la Agencia Federal de Aviación Civil y no parece que las aerolíneas mexicanas sean una prioridad para la administración actual.

Que si hay 200 o 400 millones de dólares para fondear la caja, es lo de menos: 2 meses o 3 de aguante no resuelven el problema de largo plazo. Aeroméxico ya ha demostrado en el pasado que puede renacer de las cenizas y justamente lo hizo bajo el liderazgo de ASPA, aunque ello conllevó sacrificios que después se vieron ampliamente recompensados.

Es momento de reinventarse, de crecerse ante la adversidad, de liderazgos conciliadores.

E-mail: raviles0829@gmail.com

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