Queridos Reyes Magos

Desde el año pasado hicimos una extensa carta a quienes, desde un nivel más allá y en su calidad de magos, podrían hacer algunos milagritos que ayudaran a nuestra aviación a mejorar sensiblemente.

Al parecer, esta es la vía científica de obtener resultados; la otra, la esotérica, consiste en que nuestros políticos hicieran bien su trabajo, empezaran por planear bien lo que quieren hacer, lograran consensos y aprendieran de sus propios errores para no cometerlos y, de quienes han logrado el éxito, para emularlos. Pero esta vía, al parecer, resulta demasiado milagrosa.

Por eso recurrimos a ustedes, queridos Reyes, para pedirles que este año se logre lo que llevamos ya muchos esperando: antes que nada una política de Estado, de largo plazo, consensuada entre todos los agentes del sector (empresas privadas, organismos públicos, profesionales y gremiales) y que además sea PÚBLICA, es decir, que sea una ruta planeada como sociedad democrática, con reglas y criterios explícitos, no a la antigüita donde lo no escrito permite una discrecionalidad escandalosa.

Ya nada más lograr eso implicaría resolver la mitad de los problemas de la aviación mexicana, lo cual no es cosa menor, porque también se lograría que la tan llevada y traída Agencia Nacional de Transporte Aéreo que tanto nos prometieron fuera una realidad.

No queremos una agencia sólo para cambiarle de nombre a la desprestigiada Dirección General de Aeronáutica Civil y parecernos a los gringos. Queremos una agencia que tenga autonomía y que sea institucional, con servicio civil de carrera para evitar que nos improvisen a los directores.

Queremos una agencia que no le tenga miedo a los funcionarios en turno, que sea respetable, respetuosa y respetada. Que tenga patrimonio propio y que además, no se investigue a sí misma, sino que también exista otra agencia de investigación de accidentes cuyas recomendaciones sean vinculantes y obligatorias, como sucede en los países de a de veras.

Necesitamos con urgencia que la Constitución se cumpla. Que las concesiones que otorga el Estado sean vigiladas por sus funcionarios y si éstos no vigilan que los concesionarios cumplan la ley, entonces que esos funcionarios vayan a la cárcel. Todavía estamos esperando que los responsables de la debacle de Mexicana sean castigados.

También queremos un sector aéreo unido, enjundioso, orgulloso de sí mismo. Queremos un sector donde los empresarios se vean a sí mismos como garantes de un servicio público y trabajen unidos en lo que pueden hacer para mejorar el sector. No les pedimos por ahora un líder de la Canaero, que para eso ya han tenido unos muy buenos, sino que los verdaderos propietarios de las aerolíneas tracen el futuro de su sector con miras a largo plazo.

También les pedimos que los trabajadores de la aviación se reorganicen para volver a tomar fuerza y que no haya retrocesos como el del terrorismo laboral que se siente en algunas aerolíneas con contratos de protección.

Y también necesitamos que los acuerdos bilaterales se ajusten a nuestras necesidades, que cumplan con nuestras leyes y que contribuyan a que nuestras empresas nacionales crezcan y se fortalezcan.

Y ya entrados en gastos pues ¿qué tal si empiezan a funcionar las instituciones que sí existen? Por ejemplo el Comité Nacional de Seguridad Aeroportuaria, que hace años que no se reúne. Y que el Centro Internacional de Adiestramiento de Aviación Civil (CIAAC) vuelva a operar como hace años, cuando era un orgullo nacional.

Capaz que ahora sí levantamos el vuelo.

Lo oí en 123.45: Además, se debe investigar y hacer justicia en el caso de Mexicana de Aviación: anular las irregularidades, castigar a los responsables y resarcirle a los trabajadores su patrimonio.

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