Cuatro puntos para entender mejor la hoja de balance

Cuando hablamos de la salud financiera de una empresa, existen varios elementos que deben ser tomados en cuenta y que van desde una planeación inicial del negocio, reportes financieros mensuales, trimestrales, semestrales… y varios más. En este artículo hablaremos de uno que resulta vital para cualquier compañía: la hoja de balance; un análisis situacional que facilita el conocimiento sobre cómo se desempeña la  empresa a través del tiempo.

Para comenzar, es importante señalar que la hoja de balance es un estado financiero en el cual se ven reflejados los activos (efectivo, inventarios, propiedades, inversiones, bienes intangibles), pasivos (renta, impuestos, obligaciones, nómina, créditos y préstamos) y el capital social (patrimonio) de una empresa.

Dependiendo de la contabilidad, habrá diferentes maneras o formatos para analizar los activos, pasivos y el capital social de la organización. Por lo tanto, es importante saber interpretarlos para entender que hay un balance adecuado entre los recursos que entran y salen de la empresa, así como para implementar los ajustes necesarios y atender cualquier posible situación de riesgo financiero.

En ese sentido, podríamos decir que la hoja de balance es una guía para conocer la capacidad real que tiene la organización para operar, pero también para identificar las posibilidades que esta tiene para adquirir nuevos compromisos o para invertir en su crecimiento.

Independientemente del formato utilizado para realizar la contabilidad, la hoja de balance se compone por tres secciones principales:

  • Activos. Un activo es un recurso de valor que una empresa posee con el objetivo de generar un beneficio futuro. De forma general, son todos los bienes y derechos de una empresa adquiridos a través del tiempo. 
    En estos se incluyen los activos corrientes, efectivo y equivalente de efectivo, inversiones, inventarios, cuentas por cobrar, mercancía, impuestos diferidos, equipos, terrenos, propiedades, pagos adelantados por mercancía y seguros.
  • Pasivos. Son las deudas y obligaciones con las que cuenta una empresa para financiar sus actividades. Entre estos podemos ubicar las cuentas por pagar, gastos corrientes, nómina o pago a trabajadores externos, impuestos, intereses y préstamos por pagar, rentas, deudas en general, entre otras obligaciones que dependen mucho del giro de la empresa.
  • Capital social. Se trata de los fondos propios y el patrimonio neto de la empresa y funge como garantía frente a terceros. En esta se encuentran los ingresos retenidos y las acciones de la empresa.

Los 4 indicadores financieros para la hoja de balance

Una vez que entendemos su estructura, desde Drip Capital recomendamos prestar atención a  cuatro puntos clave que conducen a finanzas más sanas:

  1. Ciclo de conversión de efectivo. Este punto hace referencia a la eficiencia de la compañía en cuanto al manejo de cuentas por cobrar y la gestión de inventario. Es decir, es el tiempo que transcurre desde que se adquiere una materia prima, hasta que se puede cobrar por el producto o servicio que se vende. Para calcularlo es necesario restar al periodo promedio de conversión de inventario (PCI) el periodo en el que se difieren las cuentas por pagar (PCP) y después sumar el periodo de cobro de las cuentas por cobrar (PCC). 
    Si el ciclo resulta ser muy largo, las empresas deberán buscar alternativas para cumplir sus obligaciones mediante esquemas de financiamiento que no les impliquen sobre apalancamiento o deuda excesiva.
  2. Rotación de activos fijos. Es un índice cuya función es medir la eficiencia en la gestión de bienes de activo fijo, es decir, da un panorama de la productividad de la empresa gracias a que otorga información sobre cuánto se ha generado con el uso total de activos de una empresa.
    Este indicador tiene variaciones de acuerdo con la industria en la que se desempeña la empresa, ya que hay compañías que serán más dependientes de capital para generar ingresos. Para calcularlo, se deben dividir las ventas netas entre el total de activo fijo bruto o valor original de un activo que coincide con el precio de adquisición o costo de producción.
  3. Rendimiento sobre los activos. Es muy similar a la rotación de activos fijos, pues mide el rendimiento de la empresa mediante la relación de los activos con las ganancias. El objetivo de este índice es conocer qué tan bien se están usando los activos para generar ganancias o ingresos netos; y se calcula dividiendo la utilidad neta entre los activos totales.
    Un porcentaje de retorno alto significa que se ha tenido una buena gestión de activos y hacer esta medición periódicamente ayudará a comprender mejor cómo va evolucionando el negocio con relación a tus primeras inversiones y el desempeño en el mercado.
  4. Hábitos para mantener las finanzas sanas. Además de los indicadores señalados anteriormente, es necesario crear y mantener dos hábitos que ayudarán a fomentar la salud financiera de tu empresa:
  • Mantén la contabilidad al día. Mantener una contabilidad transparente, en regla y al día será necesario para asegurar que la hoja de balance muestre datos reales. Para ello, se deben actualizar y alinear a las disposiciones fiscales y contables, garantizar que se llevan a cabo controles internos y realizar conciliaciones bancarias.
  • Cuida la deuda. Es necesario que todo empresario entienda que pagar a tiempo y evitar tener sobreendeudamiento es decisivo para el desarrollo de actividades diarias. En este sentido, se debe contar con un control puntual de dónde proviene la deuda y tomar decisiones con base a necesidades reales y prioritarias para la compañía.

Te invito a revisar mi columna anterior: Unidades de medidas y regulaciones logísticas internacionales que las PyMEs deben considerar al comenzar a exportar

Gregorio Vázquez actualmente es director comercial en Drip Capital.

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