¿Debería esta administración federal invertir en una aerolínea?

Recuerdo haber visto haces muchos años la película Wall Street y quedarme bastante grabado el diálogo entre el personaje encarnado por Michael Douglas (Gordon Gekko) y Charlie Sheen (Bud Fox), durante el cual Bud es muy insistente al intentar venderle la idea a Gordon de invertir en una aerolínea, frente a lo que Gekko demuestra una alta renuencia. 

La triste historia de Aeroméxico en los últimos decenios, bajo distintos dueños (gubernamentales, privados, gubernamentales y privados) en bancarrota, rescatada por el gobierno, concurso mercantil y chapter 11, historia similar a la que padecen sus pares estadounidenses como American Airlines, nos dan idea de que por qué Gekko decía que no le gustaba invertir en este sector. Combustible y sindicatos eran algunas de sus razones, sumado ahora a la intensa competencia que ha desembocado en guerras de precios.

Es común que ante ciclos económicos recesivos, alzas sostenidas en el precio del petróleo, inestabilidad geopolítica y cisnes negros como la pandemia, un desfile de aerolíneas se ven imposibilitadas a hacer frente a sus compromisos operativos y financieros que detonan una suspensión de pagos a personal, proveedores de combustibles, aeropuertos, gobierno y acreedores financieros. En Latinoamérica,  producto de la pandemia, hemos tenido la “desaparición” de Interjet y la acogida al chapter 11 de Aeroméxico, Avianca y Latam Airlines, así como dificultades financieras para aerolíneas como Cathay Airlines, en el lejano oriente, la cual tuvo que ser rescatada por el gobierno de Hong Kong.

Bastaría ver esta serie de tristes historias para que cualquier inversionista, en automático, saliera huyendo de este sector.  Sin embargo, no queremos quedarnos en algo anecdótico y analizaremos algunos números de estos dos sectores bajo criterios estándares para evaluar en términos financieros una inversión. Para ello compararemos la información financiera de Aeropuertos del Sureste SAB (Asur) y Aeroméxico para el año de 2019, eliminando cualquier distorsión por la pandemia.

1.    Solvencia y estructura financiera: Permite analizar si la empresa tiene los recursos monetarios y físicos (Activos) para hacer frente a sus compromisos financieros (Pasivos).  De la misma manera, nos arroja luz de qué tan endeudada o sana esta una empresa (Capital). En lenguaje coloquial, nos permite conocer si está quebrado o no el negocio, y si sus dueños son los accionistas (empresa sana) o los bancos (endeudada).

Utilizamos las razones financieras de Capital/Activo y  Pasivo/Activo. Para aumentar la probabilidad de sobrevivencia de un negocio en épocas turbulentas deberá ser mayor  el ratio Capital/Activo. Si ocurre lo contrario es muy seguro que la empresa enfrente dificultades financieras.

2.    Capacidad de pago de compromisos financieros: Arroja luz si la operación normal del negocio, después de restar a los ingresos los gastos operativos (Ebitda), cuenta con  los recursos necesarios para el pago de intereses y amortización de deuda. Deuda Neta/Ebitda. Un inversionista y un management conservador palidecen de miedo cuando este indicador es superior a 2.5 veces y los bancos establecen como condicionantes que este número no sea superior a 3.7 veces. En este caso menos es mejor.

3.    Rentabilidad del negocio: De cada peso que vendo, cuanto me queda después de cubrir el costo de ventas y gastos operativos (Utilidad operación y EBITDA) y una vez pagado los intereses y al fisco, cuánto le queda al accionista o dueño para reinvertir en  el negocio y/o repartirse dividendos.  Margen Operativo, Margen Neto y Rendimiento al accionista (ROE).

Columna

Los números hablan por sí solos. Bajo estos criterios es muy fácil tomar la decisión de decantarse por la inversión en el sector aeroportuario ya que, al menos en México, se caracterizan por ser empresas sumamente sanas en términos financieros con poco o nulo nivel de endeudamiento. 

Gozan de márgenes de rentabilidad operativa y neta superiores al 50%, lo que les permite crecer vía adquisición de aeropuertos en Latinoamérica, reinvertir en el negocio de acuerdo a los planes estipulados en la concesión, así como desarrollar el patrimonio inmobiliario generando ingresos por renta (Ingresos comerciales/Ingresos totales ASUR 38.28%, OMA 21% y GAP 21% para 2019), lo que potencializa la rentabilidad. De igual forma, el rendimiento a los accionistas o ROE se encuentra dentro de los parámetros de un buen negocio generando un payback de 5 a 6 años.

Por el contrario, en el tema de aerolíneas, la misma naturaleza del negocio que demanda altos niveles de inversión en la flota aérea demanda también una enorme cantidad de recursos que son financiados principalmente por deuda, reduciendo de entrada la viabilidad financiera ante eventos de estrés económico. 

Los niveles de rentabilidad operativa y neta son muy apretados, lo cual hace a estas compañías muy susceptibles a pequeñas reducciones en el número de pasajeros transportados, tarifa promedio,  variaciones en el precio de la turbosina (ligada al petróleo) o duras negociaciones con los sindicatos,  lo que deriva entre estar operando en número rojos o negros, aunado a que se tengan los recursos para pagar los servicios de deuda.

Ante lo anterior, la historia de las aerolíneas nos ha enseñado que son muy propensas a caer en dificultades financieras, demandando fuertes inyecciones de capital por parte de sus accionistas o el salvataje de los gobiernos.

Cuenta Paul Ionnadis, un alto ejecutivo de Olympic Airways, perteneciente al magnate naviero Aristóteles Onnassis, que a este último “… le resultaba halagador poseer su propia aerolínea. Era un logro. Él estaba casado con el mar, pero Olympic Airways era su amante, una amante en el cielo en la que gasta todo el dinero que gana en el mar”.

Resulta imposible entender, bajo criterios económicos, la decisión del gobierno de querer embarcarse en la tortuosa aventura de lanzar la Aerolínea Bienestar con los resultados, que ya sabremos tendrá, si tomamos a la historia como referente.

*Julio Puon es profesor del departamento de contabilidad y finanzas de la Escuela de Negocios del Tecnológico de Monterrey. juliopuon@tec.mx

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