La coyuntura entre crecimiento y los cambios fiscales de este 2021

El sector de transporte en México es, indudablemente, uno de los pilares de la economía mexicana por su propio volumen de generación de ingresos y por la conexión con el resto de las industrias productivas del país.

Entendamos que su relevancia radica en que más del 56% de las mercancías se distribuyen día a día por nuestras carreteras, aunado al gran número de paquetes y personas que se transportan para ser la mano de obra capaz y de primer mundo que nuestro país ocupa en sus procesos productivos; basta madrugar y viajar de León a Irapuato para encontrarse con cientos (no exagero) de autobuses transportando a calificados trabajadores a su destino.

Actualmente, nuestra industria ha logrado iniciar una recuperación poscrisis provocada por la pandemia y sus cierres generalizados; la recuperación está brindando un panorama prometedor para las empresas con capital, la convicción y la decisión de aprovechar y trascender (al cierre de esta columna regresaré a este tema para dimensionar la relevancia de la recuperación).

Como todo en la vida, no todo es miel sobre hojuelas. Infortunadamente los empresarios transportistas estarán enfrentando una nueva normalidad que viene acompañada de cambios en el tratamiento fiscal que los pondrá en una gran encrucijada; utilizar el capital que generan para crecer y redimensionar sus compañías; o bien ajustarse el cinturón para hacer frente a un cambio fiscal, que dicho sea de paso, muchos empresarios no están al tanto y que los hará despertar del sueño a finales de 2021.

Pongamos las cosas en contexto y en su debida proporción, para ello enfoquémonos en el cambio, en el tratamiento fiscal que se formalizó para este año en donde se estableció un límite de hasta 1 millón de pesos para las deducciones sobre los ingresos del año fiscal en curso (o el 8%, el monto que sea menor), es decir, sin importar el monto de los ingresos de la empresa, lo máximo que se podrá deducir es ese millón de manera directa y sin cuestionamiento.

En castellano, esto implica que: si antes se podía deducir un 8% de los ingresos sin cuestionamientos, ese dinero terminaba estando disponible para la empresa. Pero ahora, ese tope incrementará la utilidad que estará sujeta al pago de impuestos, resultando en dinero que ya no estará en las arcas de la empresa. La importancia de este tema es evidente y, para ello, haremos una operación muy sencilla. Si una empresa factura 100 pesos podrá deducir hasta 8 pesos de manera directa y sin mayor cuestionamiento, pero ¿qué pasa cuando esos 100 pesos se vuelven 100 millones? Está empresa solo podrá deducir hasta 1 millón de pesos… el 8% vs. 1 por ciento.

Seamos un poco más claros, todas aquellas empresas que facturen más de 12.5 millones de pesos verán una afectación en su liquidez, producto de esta modificación en la regla de deducibilidad permitida por las autoridades.

Dado este entorno, es fundamental que los empresarios empiecen a tomar cartas sobre el asunto y tomen decisiones hoy para que el fin de año no se lleven una amarga sorpresa. Para ello existen múltiples alternativas, pero desde mi perspectiva, deberán atesorar aquellas que permitan brindar de capital de trabajo a la compañía para aprovechar la ola de crecimiento acelerado que estamos viviendo. 

Este enfoque pudiera ser poco ortodoxo y muchos empresarios podrían pensar que es riesgoso en un entorno tan volátil con paros parciales en algunas industrias y nuevas cepas enrojeciendo el mapa territorial, pero, un consenso empresarial indica que la liquidez es y seguirá siendo el rey de los negocios, lo cual permite enfrentar retos y oportunidades con más y mejores herramientas. Desde el entorno financiero encontramos esquemas de refinanciamiento, sale & lease back o bien consolidación de pasivos que brindan una excelente oportunidad para dotar de liquidez a las empresas y que en varios casos ayudan a reducir la carga impositiva de manera natural.

Por último, es fundamental no echar en saco roto la información, ésta y muchas otras notas se han escrito para poder advertir y crear conciencia sobre el tema, pues en ocasiones esperar demasiado para tomar una decisión en cuestiones monetarias podría tener un efecto negativo a mediano y largo plazo.

EL DATO DURO. Históricamente, la industria de transporte ha representado el 3% del PIB nacional. Pero en 2020 su relevancia fue tal que reportó una participación del 3.3 por ciento. Pocas, créanme que pocas industrias tuvieron crecimientos a dos dígitos durante el año pasado, sobre todo con la peor crisis económica en la historia registrada. Este dato nos hace estimar que para 2021, su crecimiento será en valores nominales de gran relevancia con el efecto positivo que esto brindará a los empresarios mexicanos.

Ricardo Díaz es commercial leader en Engen Capital. Cuenta con amplia experiencia en desarrollo de negocio, estrategia comercial y gestión de activos. Tiene una maestría en Marketing, otra en Economía del comportamiento, marketing y finanzas, y es licenciado en Economía.

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