Automatización de la industria, necesidad inminente que develó la pandemia

En marzo de 2020 la automatización parecía no tener prisa en México. Si bien, durante la última década hablar de temas como la cuarta revolución industrial, tecnología 4.0 y/o el Internet de las cosas ya eran relevantes para el discurso de las empresas disruptivas e innovadoras, la adopción de estas tecnologías en México iba a paso lento

Mientras alrededor del mundo el avance de los sistemas automatizados era inminente, particularmente en sectores como el del retail, automotriz o aquellos vinculados al comercio electrónico, en nuestro país aún existía el dilema de si pagar máquinas o pagar manos. Sobre todo, porque la automatización se sigue vinculado únicamente como la simple sustitución del trabajo manual por una producción mecanizada.

Si bien, la automatización marca el futuro inminente de la industria, la visión de medir la inversión en este tipo de sistemas se reduce al esquema de costo-beneficio, y en nuestro país aún es más barato pagar mano de obra que maquinaria y esto se ha convertido en un freno de desarrollo, aunque México sigue manteniendo buenos niveles de competitividad, existe un rezago real al no estar en los niveles de automatización de otros países emergentes.

En el debate durante la negociación del T-MEC, a inicios de 2020, uno de los puntos medulares de la negociación se centraba en igualar las retribuciones y condiciones de los trabajadores de nuestro país respecto a los socios del tratado -Estados Unidos y Canadá-, sin embargo, esto se traduciría en el encarecimiento significativo del producto porque las empresas poco automatizadas utilizan mano de obra como pieza central en su producción.

Pero ¿qué sucedió en marzo de 2020? El mundo se detuvo, la pandemia por COVID-19 obligó al gobierno de nuestro país a confinar a la población y detener la actividad industrial de muchos sectores no considerados esenciales. Las semanas de resguardo obligaron a la población a adoptar nuevas formas de comunicación, nuevos modelos de trabajo, pero también significó un golpe a la economía mundial, aún no hay cálculos definitivos, pues la pandemia no ha terminado, pero algunos economistas comparan la crisis con el quiebre bancario de 1929 y se auguran efectos peores y de mayor duración.

El COVID-19 transformó la manera de acceder a bienes de primera necesidad, generó un crecimiento exponencial de comercio electrónico, esto hizo a las empresas replantearse sobre la factibilidad de sus cadenas de suministro e incluso puso en relieve su vulnerabilidad. Las empresas que apostaron por modelos de negocio con mayor tecnología, basados en mayor integración de las mismas, lograron una mejor resiliencia a la nueva normalidad, para otras el proceso ha sido más lento y algunas más están en espera del regreso a la nueva normalidad.

Esta ruptura en la forma de trabajo que conocíamos implicó un golpe a la conciencia de que no existe economía fuerte sin un sector industrial productivo, sostenible y eficiente y es aquí donde la tecnología 4.0 asumió su posición como un aliado necesario para la supervivencia de muchas empresas.

La pandemia develó diversas oportunidades que existen en nuestro país para avanzar de manera sostenida a un entorno digital y, sin duda, el 2021 será un año clave para lograr que la automatización sea una realidad. Desde el aspecto económico las perspectivas son positivas, el Banco Mundial prevé que nuestra economía alcance un crecimiento del 3.7% este año.

Éstas se basan en una sólida recuperación de la economía de Estados Unidos, lo cual aumentará la demanda de productos de exportación, es decir, el centro de crecimiento de nuestro país en gran medida depende de la capacidad de respuesta que tengamos como sector industrial.

Por ello, el desarrollo de la industria 4.0 debe ser un objetivo prioritario en nuestro país, es vital que se impulse y motive a las empresas que operan dentro del territorio nacional para trabajar en modelos de negocio basados en la optimización de los procesos, diseñar estrategias integrales que permitan la modernización del tejido industrial con el fin de mejorar nuestra competitividad, de esta forma lograremos un crecimiento e impacto positivo a mediano y largo plazo.

Felipe Reséndiz actualmente es director general en Dematic

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