Los economics del Tren México – Querétaro

El tren México - Querétaro es una gran noticia para el desarrollo económico del país y el incremento en su competitividad. Aunque no hay mucha información acerca del proyecto, al día de hoy se sabe que será implementado bajo un modelo de negocio de concesión, donde la inversión será financiada por la iniciativa privada.

Lo que sí se sabe, es que la implementación bajo un esquema de concesión implica forzosamente un cambio en la tecnología del proyecto que se tenía en la administración pasada (tren de alta velocidad), ya que en este proyecto están ausentes los fundamentos económicos que hacen rentables a los trenes de alta velocidad bajo inversión 100% privada.

¿Cuáles son los fundamentos económicos de la alta velocidad que hacen inviable la implementación de esta tecnología en el tren México – Querétaro bajo un esquema de concesión? Hay 2 razones fundamentales:

1. Un proyecto de alta velocidad es una infraestructura de transporte cuya principal competencia es el transporte aéreo y de manera secundaria el transporte terrestre, y se hace especialmente competitivo para distancias entre 400 kilómetros (km) y 800 km con centros de población muy densos de por medio. La proximidad entre México y Querétaro hace del mercado de transporte de pasajeros uno de automóviles y autobuses, y por lo tanto se complicaría comercialmente la implementación de dicho servicio con tarifas que no serían competitivas sin un subsidio.

2. La tecnología de alta velocidad es sumamente cara principalmente por los parámetros de diseño constructivos, y esto se traduce en que solo 3 corredores de alta velocidad en el mundo han sido financieramente rentables (Tokio-Osaka, París-Lyon y Jinan-Qingdao). Debido a esto, la inversión en estos proyectos es típicamente hecha con recursos públicos.

Es por esto que si el tren México – Querétaro cobra vida de nuevo bajo un esquema de concesión, se tendría que implementar como un tren regional y entonces sí podría ser una opción financieramente viable para un concesionario.

Más allá del perfil financiero del proyecto, es importante resaltar la importancia económica de este proyecto para el país, ya que la autopista México – Querétaro es un segmento muy importante del corredor carretero México – Nuevo Laredo, medular en el transporte de mercancías hacia Estados Unidos, y el cual en un futuro no muy lejano llegará a un nivel de saturación importante.

En el 2018 el tráfico promedio diario de la carretera fue de 55,435 vehículos, de los cuales el 63% fueron autos, el 5% autobuses y el 32% camiones y tráileres. Lo anterior hará necesaria la inversión en más infraestructura de transporte y, ante este futuro, me parece que invertir en un tren de pasajeros sería lo más conveniente ya que no solo contribuiría a “quitar” automóviles y autobuses de la carretera para mejorar el flujo y los tiempos de traslado, sino que brindaría 3 efectos colaterales muy importantes:

1. Ayudaría a la descarbonización de la matriz energética del transporte, ya que los ferrocarriles son energéticamente mucho más eficientes y pueden ser implementados con tecnología de tracción eléctrica, dejándose de emitir millones de toneladas de gases efecto invernadero, principalmente de automóviles.

2. Impulsaría la integración económica regional entre México, Querétaro y ciudades intermedias, y podría funcionar como herramienta de ordenamiento urbano de éstas. Con el incremento en la adopción de modalidades de trabajo completamente o parcialmente a distancia derivadas de la pandemia, podría incluso tener algún papel en la integración de mercados laborales con poblaciones intermedias.

3. La disminución de accidentes en carretera, los cuales derivan en una pérdida económica sustancial y la afectación de vidas por lesiones permanentes o fallecimientos. Según cifras de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) del año 2017, la México – Querétaro estuvo dentro del 5% de las carretas con más colisiones y víctimas por kilómetro, así como dentro del 1% con más pérdidas materiales.

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