El Buen Fin, de la incertidumbre a la oportunidad

Lo mejor de las previsiones estadísticas aplicadas al consumo es lo útiles que resultan en materia de planificación. Pocos o ningún actor en la industria dirían lo contrario. Sin embargo, existe un cierto placer culpable en comprobar cómo, a veces, esas previsiones saltan por los aires. 2020 es ese año en el que, por razones obvias vinculadas a la pandemia, lo imprevisible se ha vuelto cotidiano.

Un ejemplo: la Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO) estimaba que, entre 2020 y 2023, el e-commerce en México aumentaría 5 veces en el país y hasta 10 veces en la década que va hasta 2030, una previsión realizada en enero de este año, periodo preCOVID-19. Hoy es difícil calibrar las dimensiones del crecimiento que ha experimentado el e-commerce. Aún es pronto, aunque en marzo y abril comenzó a hablarse de un El Buen Fin permanente.

Precisamente esa fecha tan señalada puede servir de termómetro con el que medir cómo todo lo que pensábamos que iba a ocurrir en estos meses entra en el terreno de las dudas. La pregunta es clara y recurrente para los responsables de compañías implicadas en la logística y el transporte. ¿Cómo preparar nuestra flota de vehículos para El Buen Fin más imprevisible de todos los conocidos hasta el día de hoy?

La respuesta es compleja, pero debe partir del diagnóstico más aproximado a la realidad posible. La contracción económica es innegable. Basten tres datos: el PIB del país se ha contraído un 19% en el segundo trimestre de 2020, el crédito al consumo cayó por primera vez en casi 10 años y el consumo privado interno se redujo un 25% en comparación con el de 2019. ¿Cómo afectará esto a El Buen Fin?

El primer efecto será una descongestión del pico de compras, que pasará de vivirse en 4 únicos y trepidantes días a diluirse a lo largo de un periodo más amplio. La principal razón es la extensión de las ofertas a 12 días (9-20 de noviembre de 2020). La idea es evitar aglomeraciones que supongan un peligro para la salud de la población que acuda a tiendas físicas, pero es fácil entender que la distribución last mile de productos adquiridos online agradecerá, y mucho, esa desconcentración.

Aunque aún es pronto para saberlo, la situación será una buena prueba de resistencia para la omnicanalidad. En Estados Unidos el gigante Walmart anunció que cerrará sus tiendas físicas durante la jornada del Black Friday. Está por ver si la medida se extiende a México y cómo afectará ello a la distribución. Es posible que asistamos a un gran auge de las opciones de delivery last mile para las compras online alternativas al click & collect, como los micro almacenes urbanos.

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Será, por otro lado, un El Buen Fin con otro tipo de consumidor al otro lado. O, al menos, con un consumidor que ha evolucionado a mucha velocidad. Su madurez, forzada por las circunstancias derivadas de la pandemia, ha hecho aumentar sus exigencias. Las entregas deberán ceñirse, más que nunca, a franjas horarias mucho más estrechas que antes, cuando no a horas concretas y cerradas. La trazabilidad de cada entrega debe ser máxima porque el cliente, más que nunca, querrá saber en qué fase se encuentra su pedido.

Todo ello, por supuesto, manteniendo las altas cotas de calidad en las entregas que se habían alcanzado hasta el momento, como la integridad de los paquetes. A estos consumidores evolucionados se sumarán los que han adoptado la compra online como un nuevo recurso desde que la pandemia apareció en nuestras vidas. Se presenta una gran oportunidad para llegar a nuevos clientes y fidelizarlos.

Nunca como hasta ahora la logística y el transporte han formado una parte tan integral del propio marketing del producto. El cliente quiere que haya disponibilidad para adquirirlo, pero también que la entrega se produzca lo antes posible y las facilidades para devolverlo sean máximas. Y aquí es cuando se presenta el doble reto que debe resolverse: cómo cumplir con esas exigencias y al mismo tiempo ofrecer una logística inversa ágil y con el menor costo posible. Las estimaciones son que en la compra de ropa online se ronda el 30% de índice de devolución, un porcentaje que aumenta en el caso de productos electrónicos de consumo doméstico.

Las respuestas ante una situación tan novedosa son complejas y este año la imprevisibilidad será mayor que nunca. El reto será enorme para la cadena de suministro en su totalidad. También la oportunidad de aprendizaje. La gestión de los almacenes logísticos será un desafío no menor que el que tienen que afrontar las empresas de distribución de bienes.

Aquellas que ya llevan tiempo definiendo sus planes de actuación para todo lo que nos espera en noviembre, y el resto del año hasta las fechas navideñas, ya van un paso por delante. Esa anticipación debe verse reflejada en un dimensionamiento de la flota para estas fechas. También deben afinarse la parte de la gestión dirigida a la optimización de rutas. Y contar con capacidad de respuesta ante situación imprevistas. Se antoja más importante que nunca reducir los viajes en vacío al mínimo posible. Lo que está en juego es la oportunidad de responder a demandas evolucionadas en circunstancias desconocidas.

No quiero terminar sin mencionar la oportunidad que representa El Buen Fin para demostrar que la reducción de las emisiones contaminantes a la atmósfera es más que un objetivo general y ambiguo. La Logística Verde, aquella que apuesta por la sostenibilidad y la reutilización de los recursos, debe ser un pilar básico en la logística y la gestión de flotas. Optimizar rutas y hacer más eficiente el uso de los vehículos no solo es positivo en la cuenta de resultados de cualquier organización, sino que va de la mano de la reducción en el consumo de combustible y de las emisiones de óxidos nitrosos (NOx), monóxido de carbono (CO) o dióxido de carbono (CO2).

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