En la línea de fuego: operaciones logísticas en pleno COVID-19

Fue la noche del domingo 15 de marzo cuando todo comenzó. El presidente del Perú, Martín Vizcarra, declarando el cierre de fronteras, una cuarentena general en el país, así como el cierre de sus fronteras durante un lapso de 15 días (los primeros de tantos) para combatir la pandemia del nuevo coronavirus.

Estas medidas implicaron la restricción del derecho de libre tránsito dentro del país, así como el cierre de comercios y empresas, con la excepción de bancos, farmacias y locales que vendan productos de primera necesidad. Hasta ese momento las cifras oficiales establecían 71 casos de coronavirus en el país andino.

Eran las 8:30 p. m. cuando las llamadas y los mensajes por WhatsApp comenzaron preguntando si mañana nuestros equipos debían trabajar; un temor escarapeló nuestro ser, como si estuviéramos viviendo una serie de TV por cable. Todo parecía irreal. Las llamadas buscaban en los líderes (Gerentes) una respuesta sobre si la norma aplicaba sobre nosotros. Se confirmó, las operaciones deben continuar… debían continuar.

Lunes por la mañana (6:30 a. m.), nadie en las calles, todo era un desierto, pocas personas en los paraderos, ni un colectivo, no sería distinto en la empresa.

Cobertura especial: COVID-19 y su impacto en la cadena de suministro

Algunos compañeros no llegaron, otras lo hicieron fuera de horario. Pero éramos más. El Perú nos necesitaba. Esa mañana reuní a todo mi equipo, recogiendo sus impresiones y arengando que era el momento de demostrar de lo que estábamos hechos.

Cómo actuar en estas circunstancias, eso no te lo enseñan en la universidad o alguna maestría. Liderar bajo estas circunstancias fue y sigue siendo un desafío.

1. Cuidar a nuestro equipo, con el temor a contagiarse en las operaciones, pero poniendo el hombro y hasta más, o simplemente faltos por el temor de contagio.
2. Nuestros aliados (proveedores locales) no operaban, sus locales estaban cerrados.
3. Con el cierre de fronteras nuestras cargas de importación por vía aérea no llegaron: repuestos para una línea de producción.
4. El puerto del Callao congestionado. Nuestra carga en espera por ser despachada. Riesgo de quebrar stock.
5. Algunos clientes cerraron operaciones por falta de personal (afectación en las ventas).
6. Nuestro personal de provincia no tenía cómo trasladarse a Lima (suspensión de transporte de pasajeros).

Sin embargo, nuestra logística siguió adelante, nuestras operaciones permanecieron contra viento y marea. Es que “los capitanes se prueban en las tormentas”.

Nos exigió evaluar opciones a repensar nuestra logística, cometiendo errores y aciertos es la forma de mejor aprendizaje que conozco.

Recoger y llevar a los miembros de nuestros equipos a sus hogares, implementando normas de cuidado interno, cuidarlos es nuestra misión, respetando los horarios de toque de queda.

Lo que nunca pensé que se podía dar, es que todos los jugadores de nuestro sector nos juntamos para colaborar entre nosotros, sí, COLABORAR, lo hicimos y eso fue de las cosas que me alegra haber sido testigo de ello.

Comenzamos a desarrollar nuestros protocolos recomendados por el MINSA y la OMS para prevenir contagios; sin embargo, “la cultura se desayuna a la estrategia”, esto nos retaba a redoblar esfuerzos para concientizar a nuestros equipos a cumplir los nuevos lineamientos de convivencia.

Cada día se presentan nuevos retos: ¿cómo cubrir esta posición?, ¿cómo trasladamos este producto?, ¿qué permiso se necesitan?, ¿se puede ampliar el crédito?, ¿cómo conseguimos ese insumo?

Aquí seguimos de pie, dándolo todo por nosotros, por nuestras familias, por nuestro país.

Siempre logísticos.

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