Ajuste en el contexto del comercio internacional por COVID-19

La actual crisis de salud generada por el nuevo coronavirus (COVID-19) está abriéndonos los ojos acerca de un nuevo contexto en la economía en México, referente a las amenazas presentes en el comercio internacional; así como de las graves interrupciones que pueden sufrir las cadenas de suministro, y las fuertes repercusiones a todos los niveles de los socios comerciales involucrados, en lo que inevitablemente se pondría en cuestionamiento un paradigma tradicionalmente establecido.

Si bien las empresas exportadoras se pueden percibir como gigantes todopoderosos que llegan a establecer un modelo de producción ya comprobado, estas no operan en un vacío, y basan su éxito también en sus relaciones comerciales con Pymes las cuales son grandes generadoras de empleos, desde un discreto taller de tornos el cual logró un contrato de mantenimiento, la empresa de seguridad externa que aporta tres o cuatro guardias, prestadores de servicios de comedores, hasta servicios externos de salud, pasando por transportistas, agentes aduanales y operadores logísticos; todo eso integrando íntimamente a una cadena de valor mundial que funciona de manera efectiva, generando productividad y crecimiento para una región determinada.

Cobertura especial: COVID-19 y su impacto en la cadena de suministro

Es por lo anterior que ante esta situación debemos comprender que la afectación en el empleo y los ingresos de los trabajadores se tornará catastrófica (y es mejor que lo entendamos así, aunque suene fatalista), y reflexionar sobre las consecuencias de la materialización de amenazas no generalizadas o experimentadas aún; pero, sobre todo, también atender al concepto de integración con el gobierno, el cual lleva una fuerte responsabilidad en la integridad de las operaciones en el comercio internacional, pues es un actor que no puede excluirse de la seguridad para cadenas de suministro, pues el Marco de Estándares para la Facilitación y Seguridad de la Organización Mundial de Aduanas (OMA) propone desde 2005 en una visión de las “Aduanas del Siglo XXI” y un contexto –nuevamente- en el que se presentan amenazas cada vez más impredecibles.

Todas las amenazas expuestas en los “análisis de riesgos” que se proponen en programas de Operador Económico Autorizado (OEA) del mencionado SAFE FOS (como CTPAT y OEA México) describen y analizan conspiraciones que van desde robo de mercancías, hasta bioterrorismo (pasando por el contrabando, narcotráfico, lavado de dinero, terrorismo, etc.), y como, ante estas amenazas, su segundo pilar: “la relación aduanas-empresas” operaría como una “alianza estratégica” para garantizar la continuidad de los negocios, y por consecuencia de las economías ante una amenaza de magnitud global.

Hoy día debemos reconocer que en México evidentemente esta relación Aduanas-empresas debe consolidarse en el corto plazo para enfrentar y asumir este ambiente; aquí la iniciativa privada debe apalancarse del tema para una institucionalización de esta alianza aduanas-empresa, donde se tomen en cuenta todos los elementos involucrados y experiencias de buenas prácticas: en la versión actualizada de los criterios de seguridad CTPAT se enfatiza, por ejemplo, consideraciones en los requisitos de seguridad para las Pymes, esto con la idea de cohesionar a todos los niveles productivos en un blindaje del comercio ante todo el contexto de manera integral.

Dada la globalización e integración de los mercados, este nuevo coronavirus nos recuerda que no hay marcha atrás en la evolución sobre la agilización del comercio, la protección de fronteras, pero más aún la protección de la economía y los empleos, los cuales son finalmente el eslabón más débil de esta ecuación.

Nos advierte también sobre esta visión de la OMA la cual no puede interpretarse como un conjunto vacío, sino como una herramienta de las economías mundiales para generar condiciones propicias de crecimiento.

Los robos, defraudación fiscal, contrabando etc., no son algo que surja de manera espontánea, son consecuencia de las vulnerabilidades presentes al no atender los riesgos ignorados en un entorno dado, y a la ausencia también –por qué no decirlo- de políticas públicas como los programas OEA, visualizado estas vulnerabilidades.

Hoy lo reiteramos, el COVID-19 nos pone frente a un contexto que llega a su nivel más álgido: atentar de manera sistemática en contra de millones de vidas humanas, pero alternamente afectando el empleo de un colectivo, sin posibilidades de aislarse de una realidad global.

Así mismo pudiera presentarse en un virus cibernético de alcances globales, igual un ataque terrorista de escala global; la seguridad en cadenas de suministro debe atender a la visión del Marco de Estándares de la Organización Mundial de Aduanas, para reducir las vulnerabilidades a las cuales está expuesta toda la comunidad mundial, sin excepción.

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