Ceder capitanías de puerto a Semar, anticonstitucional

El pasado 9 de marzo en Saltillo, Coahuila, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, responsable del gabinete de Seguridad Nacional, hizo una crítica vehemente a la "mal llamada guerra contra las drogas" de la administración pasada.

Dijo que ésta partió de un diagnóstico equivocado y una estrategia mal diseñada, y que ésta sólo generó una escalada de violencia sin precedentes que afectó a varios estados. Esta declaración se dio en el marco del Tercer Foro del Debate Nacional sobre el Consumo de la Marihuana.

En resumidas cuentas, el responsable de la conducción del quehacer político del país y la seguridad interior, rechazó que México se encuentre en guerra contra los cárteles de las drogas y las bandas criminales, y presumió la recuperación de la vida pacífica en muchos estados del país en donde "Coahuila es un ejemplo".

Por eso no deja de sorprender que la Secretaría de Marina (Semar), continúe el trabajo de lobby en el Poder Legislativo, para lograr que se apruebe en su favor el traspaso de las Capitanías de Puerto a su responsabilidad apelando a la seguridad nacional. Primero, este argumento contradice el discurso del jefe del gabinete de seguridad Osorio Chong, del cual forma parte la propia Semar, sobre el estado de paz en que el país se encuentra. Donde aquel ve paz, ésta dependencia ve un escenario de guerra.

Porque para promover el traspaso de las Capitanías de Puerto a su esfera sin que ésta medida se aparte de los dictados de nuestra Constitución, necesitamos que se de el escenario de guerra; de otra forma, esta propuesta enviada por el Presidente Enrique Peña Nieto al Congreso es, desde donde se vea, anticonstitucional y por lo mismo es endeble y vulnerable a la Ley de Amparo.

El Artículo 129 de nuestra Constitución es claro:

En tiempo de paz, ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar. Solamente habrá Comandancias Militares fijas y permanentes en los castillos, fortalezas y almacenes que dependan inmediatamente del Gobierno de la Unión; o en los campamentos, cuarteles o depósitos que, fuera de las poblaciones, estableciere para la estación de las tropas.

La Carta Magna es clara en su ordenamiento. La Secretaría de Marina tiene una función militar y no administrativa ni gestora de negocios. Los puertos tienen una función logística orientada al comercio internacional.

Las funciones propias de su seguridad ya las realiza la Semar, y bastante bien. Si no existe un estado de guerra en nuestro país, las autoridades militares no tienen nada que hacer al frente de dependencias administrativas u operativas de las actividades de comercio que se dan en los puertos.

La formación militar no se lleva con la operación de los negocios. Las transacciones comerciales siempre requieren de la flexibilidad en la toma de decisiones, del trato conciliador y resolutivo. No admiten posiciones tajantes y absolutas con base en un mandato superior. Así son las Capitanías de Puerto, gerencias flexibles que deben entender a los imponderables de la operación portuaria, y buscar soluciones creativas que resuelvan las problemáticas diarias a las que está sujeta el arribo y zarpe de buques en puertos. No entender esto nos puede generar como país una pérdida del camino recorrido en la apertura comercial.

Quienes hacen los negocios en los puertos, esperan que en el Poder Legislativo impere la coherencia jurídica por un lado, y por el otro el sentido común del clima que se requiere en una ventanilla administrativa, que no de seguridad, para permitir las operaciones comerciales y turísticas en los puertos mexicanos.

P.D.
El Hoy no Circula finalmente fue flexibilizado para el transporte de carga en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, pero esta medida no es suficiente para evitar que la cadena logística de abasto a la principal zona urbana del país, no tenga costos adicionales que impactarán el precio final al consumidor de muchos productos. Como siempre, nuestras autoridades toman decisiones improvisadas que generan otros problemas, y que el final, no resuelven el problema de fondo de contaminación que tenemos en la Ciudad de México.

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