A la Reforma Energética se la puede llevar el tren

México no tiene en sus actuales empresas ferroviarias el sistema más adecuado para la competitividad de la economía nacional. Eso es cierto. Pero decir que nuestro modelo está entre los peores del mundo, sin reconocer la importante contribución a la mejora logística que han aportado los ferrocarriles, es faltar a la verdad.

El que existan regiones importantes sin la competencia de dos empresas ferroviarias tiene que ver con el modelo seleccionado para privatizar el sistema ferroviario, lo cual fue una decisión libre y soberana del Estado mexicano y no de las empresas inversionistas que adquirieron las concesiones.

El gobierno federal estableció unas reglas de privatización al dividir el país en regiones exclusivas y con base en esas reglas las empresas decidieron apostar sus inversiones, en un concurso donde ganaron los que más dinero para el Estado pusieron sobre la mesa. Las ofertas presentadas por los grupos ganadores se calcularon con base en las reglas de concesión que el gobierno estableció. ¿La privatización pudo hacerse mejor? Sí lo creo. Pero así se hizo.

Nadie puede estar en contra de que un modelo diferente, que permitiera la competencia en todo el territorio nacional, podría ser mejor para la competitividad de nuestra economía. Pero me parece más peligroso para nuestro país que cuando nos encontramos a la mitad del acuerdo de exclusividad territorial que se les dio a los ferrocarriles por 30 años, el Poder Legislativo, que forma parte del Estado mexicano, modifique las reglas que el propio Estado fijó.

Son muchas las voces de expertos que nos han recomendado que el principal salto que le hace falta dar a México para su consolidación económica es el respeto al Estado de Derecho. El último de ellos, el expresidente Ernesto Zedillo, en Davos, Suiza, donde a pregunta expresa de qué le hace falta a México después de las reformas estructurales realizadas en 2013 respondió: Tres cosas. 1) Estado de Derecho, 2) Estado de Derecho y 3) Estado de Derecho. Y es que sólo cumplir con esta condición le permitiría a nuestro país captar el doble de las inversiones extranjeras que entran cada año.

Por eso, aunque reconozco que el modelo ferroviario que tenemos es perfectible y comulgo con algunos de los argumentos dados el pasado martes en la Cámara de Diputados para justificar la aprobación que se hizo de la reforma a la Ley Reglamentaria del Servicio Ferroviario, me parece que cumplir con los plazos comprometidos que el Estado mexicano estableció en las concesiones ferroviarias es mejor que la intención de cambiar a estas alturas las reglas.

En un año donde se tiene que diseñar el modelo para atraer las inversiones al sector energético, luego de su apertura a la inversión privada, este tipo de decisiones nos lleva a perder credibilidad, al enviar la señal de que no respetamos el Estado de Derecho y que quien lo transgrede es el propio Poder Legislativo, responsable de redactar el marco normativo que regula nuestra vida, derechos y actividades económicas.

Ese Poder Legislativo es el mismo que redactará las leyes secundarias del sector energético. ¿Qué confianza puede transmitir a los inversionistas cuando en el sistema ferroviario a mitad del partido pretende cambiarle las reglas? El sector energético, se nos ha dicho, puede ayudar al país a crecer un punto porcentual más del Producto Interno Bruto, ¿vamos a ponerlo en riesgo?

Por eso insisto, cambiar las reglas al ferrocarril a estas alturas puede representar para el país perder más de lo que se puede ganar.

P.D.

El próximo lunes y martes en Cancún, Quintana Roo, se llevará a cabo la ExpoRail, donde las empresas ferroviarias y sus proveedores se reunirán para revisar los planes de inversión para este año. Kansas City Southern, Ferromex, Ferrovalle y Ferrosur seguirán con sus inversiones récord por arriba del 12% de sus ingresos para continuar respondiendo a la demanda de servicio.

Sígueme en Twitter: @CruzOsiel