Tradicionales vs. low-cost, ¿quién sobrevive?

Las apuestas que se hagan el día de hoy pueden ir, con mayor seguridad, al segmento low-cost, sobre todo si atendemos a la forma como este modelo de aerolínea ha sorteado la crisis de la pandemia.

Cuestión de ver los resultados: en México, Viva Aerobus y Volaris sobrevivieron bastante bien el 2020; la primera llegó a diciembre con el 100% de su capacidad doméstica recuperada y la segunda con un 12% menos. En cambio, Aeroméxico llegó al final del año con una capacidad reducida y aunque en el ámbito internacional todas sufrieron, esto le pegó más a la aerolínea del Caballero Águila porque su mercado exterior es mucho más importante.

En Brasil y el resto de América Latina las cosas no son diferentes. GOL y Azul lograron resarcir los daños, en tanto que LATAM quedó muy por debajo de sus números anteriores. Y en diciembre Azul la rebasó sin aspavientos.

De hecho, Wall Street Journal habla de que las aerolíneas tradicionales han sobrevivido porque están adoptando tácticas de las low-cost, enfocándose en el mercado de los turistas, porque los hombres de negocios no están viajando. Uno de los puntos en contra de las “legacy” es precisamente lo que era una fortaleza: el uso de los aeropuertos hub que es primordial de las tradicionales, se ha visto muy disminuido por el miedo al contagio, en tanto que el viaje punto a punto, que es lo distintivo de las de bajo costo, está siendo preferido por los viajeros porque perciben menos riesgos.

La consultora Olivier Wynman también muestra que las restricciones de viaje derivadas de los cuidados de la pandemia adoptados por los diversos países del orbe, han provocado afectaciones en más del 86% de las rutas internacionales y la caída de la oferta es de más del 50% en este segmento.

La incertidumbre respecto al comportamiento de los contagios ha provocado que ahora un 70% de las reservaciones se hagan 2 semanas antes de la salida, cuando antes el promedio era de 3 meses. Es decir, lo que está rigiendo al transporte aéreo es la imprecisión, lo más alejado de la formalidad a que está acostumbrada la aviación tradicional.

Otros especialistas, como Iztok Franko de Diggitravel, aseguran que hay varios elementos que hacen a las aerolíneas de bajo costo más resilientes a la crisis que sus competidoras tradicionales: 1) son eminentemente digitales, es decir, su modelo está más alineado con las tendencias del COVID; 2) la arquitectura IT de la distribución que usan es mucho menos compleja y se adapta mejor a los nuevos procesos; 3) basan más su rentabilidad en el efectivo del viajero turista; 4) tienen estructuras más ligeras y ágiles  por lo que han podido reducir sus costos fijos entre un 70 y 80%,  las otras apenas en 30-40%; 5) las tradicionales queman efectivo con enorme rapidez; y 6) tienen otras fuentes de ingresos, como la comida a bordo o la venta de maletas o de productos duty free.

Un ejemplo claro, mencionan, es que mientras aerolíneas como Air France o Lufthansa han recibido ayudas de alrededor de 15,000 millones de euros, EasyJet y Ryanair sólo pidieron 850 millones de libras. Reflexiones interesantes que darán qué hablar en los siguientes meses. Las aerolíneas deberán adaptarse, ya lo comentaremos.

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