Zonas Económicas Especiales, contra reloj

A finales de noviembre del año pasado, el presidente Enrique Peña Nieto, en medio de una de las crisis político-sociales más intensas de los últimos tiempos, generada por la desaparición de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, presuntamente a manos del crimen organizado, informaba la creación de tres Zonas Económicas Especiales (ZEE).

Una de estas zonas justamente incumbiría a municipios de este estado y el de Michoacán, colindantes con el puerto de Lázaro Cárdenas; una más relacionada con el corredor transístmico que enlaza Coatzacoalcos con Salina Cruz, y otra en puerto Chiapas.

Chiapas, Guerrero, Michoacán y Oaxaca contribuyen con 7% del PIB nacional y representan 15% de la población, con 16 millones 338 mil 347 habitantes, cuyos grados máximos de estudio en promedio apenas alcanzan el primer año de secundaria.

Para José Romero, investigador del Centro de Estudios Económicos del Colegio de México (Colmex), estos son intentos desesperados por crear empleos en estos estados abandonados, pero difícilmente ve un proyecto ambicioso de industrialización del país y observa sólo un mecanismo de aprovechamiento de mano de obra poco calificada.

A finales de enero durante la designación de Abraham Zamora como director del Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (Banobras), la SHCP delegó la responsabilidad de impulsar las ZEE en esta institución, a la que T21 buscó para conocer los avances que ha tenido al respecto, sin haber obtenido respuesta.

Pero de entrada, aunque se haya designado una institución como rectora del proyecto, ya se tiene un tropiezo, pues de acuerdo con el Presidente, febrero sería el mes en el que el Ejecutivo enviaría al Congreso de la Unión la iniciativa para la creación de las ZEE, lo cual, hasta el cierre de esta edición, no había sucedido.

En la perspectiva de José Alberto Ortúzar, vicepresidente del Instituto Mexicano de Ejecutivos en Comercio Exterior (IMECE), la idea es que estas ZEE puedan constituirse en un nuevo modelo de desarrollo, pero la tarea que tiene el gobierno de crear las condiciones y hacerlo atractivo es a través de ser consistentes en el tiempo, y que estos proyectos puedan ser transexenales y no limitarlos a periodos cortos de implementación, donde se corre el riesgo de que se abandonen.

En ese sentido, el también director de Comercio Exterior de Deloitte sostiene que en materia regulatoria quizá no alcance este sexenio para sacar el proyecto adelante porque el gobierno tiene que garantizar reglas claras tanto operativas y aduanales, como financieras y fiscales.

Si deseas conocer el reportaje completo, puedes descargar la edición de abril de la Revista T21, disponible sin costo aquí.

Twitter: @BetoZanela