El nuevo concepto de clúster

La apertura comercial mexicana desarrollada en las últimas décadas ha provocado que la industria instalada en el país fomente, aunque no sea su objetivo primordial, la desigualdad entre las regiones del país, sectores y las propias empresas.

Para atacar este problema, la lógica gubernamental se ha enfocado en la inserción en mayor medida de estas tres instancias en las cadenas globales de valor, a través de una política de fomento industrial con la creación de clústeres, pero desde una visión distinta a la tradicional.

No obstante, existen sectores y empresas que generan un bajo valor agregado, ya sea por un rezago tecnológico o por su escasa capacidad de innovación, y que requieren de un impulso para competir en la escena mundial actual.

Concatenado con lo anterior, el país cuenta con actividades productivas altamente competitivas y con elevadas tasas de crecimiento, como la industria automotriz y autopartes, aeronáutico y eléctrico-electrónico, mismas que poseen capacidades significativas para generar empleos, impulsar la mano de obra calificada, tienden a utilizar y generar tecnología de punta y crean una importante vinculación con otros sectores.

La localización geográfica de estas últimas industrias, así como sus capacidades, infraestructura y un ambiente propicio de negocios, juegan un importante rol para la conformación de los clústeres. Sin embargo, para llegar a desarrollarlos se ha creado una metodología singular que se trata de aplicar y replicar en el territorio nacional.

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