¿Cuanto más sencillo mejor?

Dicen por ahí que la clase de auto que uno maneja habla mucho nuestra personalidad y no solamente del nivel económico que se tiene. Coincido totalmente; es más, quienes me conocen no se sorprenden que el último automóvil que adquirí de “agencia” no tiene (sigue siendo mío), si bien pudo tener, grandes dispositivos electrónicos, de esos que tanto fascinan a los compradores de nuevas generaciones.

Este comentario editorial nace de enterarme de un incidente a comienzos del año 2022 en un Boeing 787-8 de la aerolínea polaca LOT relacionado con ese atractivo sistema electrónico de atenuación de luminosidad de las ventanillas de pasajeros que, al fallar en una de ellas, provocó un pequeño incendio a bordo en vuelo, mismo que obligó a los pilotos a declararse en emergencia.

Yo no lo sé usted, estimado lector o lectora, pero a mí la idea de que un vehículo de transporte y más uno tan sensible a factores de seguridad, comenzando por el fuego, como es el aéreo, opere con crecientes fuentes potencialmente generadoras de fallas que bien podrían convertirse en riesgos a los ocupantes, a la unidad y a terceros, no me agrada mucho que digamos, por más que dichos equipos se relacionen a mayor economía, comodidad, entretenimiento y atractivo. Recordemos que en septiembre de 1998 un McDonnell Douglas MD-11 de Swissair se estrelló en aguas canadienses tras haber despegado de Nueva York a causa de un fuego provocado por un corto circuito en su sistema de entretenimiento a bordo, matando a 229 personas.

Si bien me queda claro que entre otros beneficios la electrónica ha mejorado, digamos, la eficiencia de consumo de combustible al hacer menos pesados los equipos o simplificado el diagnóstico de fallas y reparación de las mismas y hasta ha reducido el número de accidentes, también me queda claro que sofisticar tecnológicamente hablando ciertos accesorios y funciones, en el caso en comento de los mecanismos para el control de luz en las ventanillas, puede resultar oneroso en tiempo y dinero. Baste decir tomó 22 horas a LOT el poder regresar al servicio el 787 involucrado, mismo que estoy seguro hubiese podido seguir volando de inmediato si en lugar de tener un sistema electrónico, hubiese sido equipado con esas tradicionales persianas que tanto debate generan entre quienes las queremos siempre arriba, es decir, exponiendo lo que la ventanilla ofrece y entre quienes de plano lo primero que hacen al subir a un avión es bajarlas.

¿Cuánto le costó a la aerolínea el incidente? Es más, haciendo una analogía, ¿cuánto le ha costado a usted amigo lector reparar el elevador eléctrico de los vidrios de su auto? No quiero recordarle el monto de lo que representa cambiar una trasmisión automática o hasta de un faro de un Audi, por ejemplo.

En fin, como dicen los minimalistas: “Menos es más” y así, cuando tengo la opción de elegir un producto, tiendo a favorecer las opciones que minimicen el empleo de la sofisticación electrónica en los accesorios. Lo siento, pero debo admitir que como “YSQ”, manejo un Volkswagen Jetta Clásico, muy, pero muy austero, pero sin duda, poco problemático.

Cada quien sus gustos…

Comenta y síguenos en Twitter: @GrupoT21

Banner