El principal desafío en la renegociación del TLCAN 2.0

La postura con la que llegan los países implicados en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) es de deconstrucción. Esto no ayudará a la profundización de la relación y la competitividad de la región, aseguró el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC).

Este instituto, al mando de José Luis de la Cruz, observa que Estados Unidos se sentará en la mesa de negociación –este 16 de agosto- con una postura defensiva buscando recuperar el control del proceso comercial (principalmente reducir su déficit comercial con ambos socios) y atraer a las manufacturas que ha perdido en los últimos 20 años, principalmente las automotrices, a su territorio.

En la propia directriz de la Oficina del Representante de Comercio de Estados Unidos se estableció que: “La Agenda 2017 esboza las cuatro prioridades comerciales de la nueva Administración: promover la soberanía de los Estados Unidos, hacer cumplir las leyes comerciales de los Estados Unidos, aprovechar la fuerza económica estadounidense para expandir nuestras exportaciones de bienes y servicios y proteger los derechos de propiedad intelectual de los Estados Unidos.

Por su parte, Canadá y México tenderán a propiciar una mayor apertura comercial, buscando favorecer a las grandes industrias instaladas en sus territorios (principalmente a las empresas trasnacionales).

Si las posturas de la negociación no se modifican, la renegociación terminará sin propiciar una nueva relación productiva para América del Norte que le permita reducir su dependencia respecto a los insumos intermedios y bienes de capital que se producen en el Pacífico asiático y que han provocado la ruptura de las cadenas productivas en la región del TLCAN”, según un texto de análisis de IDIC.

Ante esto, IDIC estableció que “el principal desafío para los negociadores mexicanos es pasar de esa lógica de confrontación a una de diálogo constructivo, posición que no está prevista porque la postura de los gobiernos se basa en la deconstrucción”.

Incluso, al incorporar nuevos aspectos como el laboral, el energético, las compras de gobierno, la propiedad intelectual, entre otros, esta renegociación va más allá de lo comercial y debería ser el inicio de un acuerdo más integral, que “para comenzar, implicaría otro nombre”.

VEN RIESGOS MINIMIZADOS
Por su parte, la calificadora estadounidense Fitch Ratings comentó en otro análisis que el riesgo de un resultado perturbador de las renegociaciones del TLCAN ha disminuido recientemente para la economía mexicana y es poco probable que un acuerdo eventual perjudique de manera importante el acceso de México al mercado de Estados Unidos.

Los gobiernos esperan concluir la renegociación de TLCAN en términos generales para diciembre de este año, antes de las elecciones presidenciales de México y las legislativas en Estados Unidos, ambas en 2018.

“La incertidumbre en torno al proceso de renegociación podría pesar aún sobre la inversión mexicana (incluida la inversión extranjera directa) y el consumo. Si las discusiones se desplomaran y Estados Unidos actuara conforme a sus advertencias previas de retirarse del tratado, ello ocasionaría una disrupción comercial y desconcierto en los mercados financieros, aunque la restitución de las reglas de la Organización Mundial del Comercio podría moderar en cierta medida el impacto”, indicó Fitch.

La propia agencia calificadora mencionó en su análisis que un posible resultado más positivo sería que el tratado se ampliara para incluir sectores nuevos, tales como energía y comercio electrónico, así como avances en materia de administración aduanera y facilitación del comercio.

Asimismo, reglas de origen actualizadas podrían beneficiar a México si se incrementara el contenido regional, por ejemplo, en productos electrónicos (potencialmente a expensas de los productores asiáticos).

La actualización del TLCAN también podría impulsar los esfuerzos del gobierno mexicano para la reforma estructural económica, por ejemplo, al promover mayor inversión extranjera y competencia en los sectores de energía y telecomunicaciones”, dijo.

Fitch Ratings elevó recientemente sus proyecciones de crecimiento del producto interno bruto de México a 2.0% para 2017 y 2.2% para 2018, desde 1.5% y 2.1% respectivamente.

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