Temporada de huracanes: crónica de un desastre anunciado

Dadas las condiciones geográficas de México, ciertas regiones del país son especialmente susceptibles a ser impactadas por desastres naturales, en particular por fenómenos de corte hidro-meteorológico.

Si bien es difícil prever con precisión la magnitud y la temporalidad de estos fenómenos, la experiencia internacional prueba que es posible llevar a cabo medidas preventivas que contribuyan a reducir el impacto negativo de los mismos en la vida de las personas, en especial de poblaciones en situaciones de alto riesgo. Sin embargo, en México los números nos demuestran una ausencia generalizada de adecuados planes de contención y prevención.

En el año 1997 se estableció el Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden) con el objetivo de proporcionar recursos a las entidades para atender las consecuencias de los desastres naturales.

Si bien la creación de un fondo de esta naturaleza es acertado, su existencia no debería reemplazar acciones de prevención de los gobiernos locales, pues su propósito es únicamente operar como un recurso de apoyo en casos de emergencia.

Sin embargo, desde su creación el uso del Fonden ha ido en aumento sin que se acompañe de acciones relevantes en materia de prevención.

Para atender las consecuencias de los desastres naturales del año 2013 se ha destinado un total de 38 mil 452 millones de pesos del Fonden, con un costo promedio de 369 millones de pesos para los 104 incidentes de dicho año y 961 mil 396 pesos por acción de reparación.

De los recursos destinados para atender los eventos del año 2013, más de la mitad se distribuyó únicamente entre dos estados: Guerrero con 37% y Veracruz con 20%, más de 14 mil millones de pesos en el caso del primero y siete mil millones de pesos en el caso del segundo.

Lo anterior es revelador si se considera que para el mismo año el gasto en infraestructura en Guerrero fue de cuatro mil 600 millones de pesos y en Veracruz de cinco mil 600 millones de pesos; se está gastando más en reparar que en prevenir.

Queda claro que el gasto en acciones reactivas es muy alto, sobre todo si se considera que la mayoría de los eventos se deben a fenómenos meteorológicos que ocurren de forma reiterada en ciertas regiones del país.

El gasto destinado a atender los desastres naturales del año 2013 fue superior al presupuesto total de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para el año 2015, el cual fue de 37 mil millones de pesos.

Una adecuada prevención requiere de una visión a largo plazo que se traduzca en acciones de reubicación de asentamientos humanos e inversión en infraestructura como los medios probados más eficaces para mitigar los daños de fenómenos naturales. Sin embargo, lo anterior se contrapone con la visión cortoplacista de la mayoría de los gobiernos del país.

Los desastres naturales son escenarios idóneos para el oportunismo político e, inclusive, para la corrupción. En este sentido, es pertinente preguntar ¿están más interesados los gobiernos en simular un “rescate” de la población que en prevenir que sea afectada en primera instancia?

Es evidente que no existen incentivos para que los gobiernos lleven a cabo acciones de infraestructura preventiva y, por lo contrario, si para continuar en un esquema de alta rentabilidad política –y probablemente económica- donde se prefiere “reparar” que prevenir.

Los diez desastres más onerosos registrados para el país han provocado, además del daño invaluable de vidas humanas, pérdidas por cuatro mil 500 millones de dólares. Nueve de estos diez siniestros se han debido a huracanes o inundaciones en las mismas fechas y las mismas regiones.

La recurrencia de estos lamentables escenarios años tras año parece tener una sola respuesta: negligencia. En este contexto, resulta impostergable el desarrollo de planes de prevención adecuados además de un mayor control en el ejercicio de los fondos para desastres que garantice un uso eficiente de los recursos disponibles.

Texto extraído de la Semana Política del Centro de Investigación para el Desarrollo (Cidac), elaborada por: Miguel Toro, Mariana Meza, Carlos de la Rosa, Santiago Martínez y Rafael Vega. Editor: Eduardo Reyes.

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